El Romanticismo literario
Compartir en Facebook
París, 7 de septiembre de 2026. Querida Ofelia, El Romanticismo fue un movimiento artístico, literario e intelectual que surgió en Europa a finales del siglo XVIII y alcanzó su máximo desarrollo durante la primera mitad del siglo XIX. Nació, en buena medida, como una reacción contra el racionalismo, las reglas y el equilibrio del Neoclasicismo. Para el romántico, el individuo y sus sentimientos ocupan el centro de la existencia. Frente a la confianza ilustrada en la razón, el Romanticismo descubre que el ser humano está dominado también por la pasión, el deseo, la angustia, la imaginación y el misterio. De ahí la importancia de: el amor apasionado, la Libertad, la imaginación, la melancolía, la soledad, la rebeldía, la muerte, lo sobrenatural y la nostalgia de un pasado idealizado. El héroe romántico suele ser un individuo que entra en conflicto con la sociedad porque se niega a aceptar sus normas. Una de las grandes reivindicaciones románticas es la Libertad. El escritor ya no quiere someterse estrictamente a las reglas clásicas. Mezcla géneros, combina verso y prosa, utiliza diferentes registros y rompe las convenciones literarias. La literatura deja de buscar únicamente lo bello y lo perfecto. También quiere expresar lo terrible, lo grotesco, lo oscuro y lo desconocido. El amor ocupa un lugar fundamental, pero no suele ser un amor tranquilo y cotidiano. Es un amor absoluto, capaz de enfrentarse a la sociedad, al destino e incluso a la muerte. El amante romántico busca una felicidad total que, precisamente por ser absoluta, resulta muchas veces imposible. Por eso aparecen constantemente: amor → imposibilidad → sufrimiento → desesperación → muerte. La naturaleza deja de ser simplemente un paisaje decorativo. Se convierte en un reflejo del estado de ánimo del personaje. Una tormenta puede expresar angustia; una noche oscura, soledad; un paisaje montañoso, deseo de libertad. El Romanticismo siente una especial fascinación por: montañas, bosques, ruinas, cementerios, mares embravecidos, noches de luna y tormentas. La naturaleza romántica es, en cierto sentido, la naturaleza vista a través del alma humana. La muerte constituye una de las grandes obsesiones románticas. El romántico contempla la existencia como una lucha entre el deseo de vivir plenamente y la conciencia de que todo es pasajero. Por eso aparecen frecuentemente suicidios, duelos, fantasmas, cementerios, cadáveres, ruinas y amores más allá de la muerte. La muerte puede aparecer incluso como una liberación frente al sufrimiento de la existencia. El Romanticismo también descubre el valor de la Edad Media, las leyendas, las tradiciones populares y la historia nacional. Frente al universalismo racional de la Ilustración, los románticos buscan las raíces particulares de cada pueblo. De ahí el interés por: las leyendas medievales, los héroes nacionales, el folclore, las lenguas y tradiciones populares y los acontecimientos históricos. Uno de los personajes más característicos es el rebelde, alguien que desafía las leyes, la moral o las convenciones sociales. El Romanticismo siente simpatía por personajes marginales: el bandido, el proscrito, el pirata, el condenado, el rebelde, el solitario. En ellos encuentra una representación de su propia aspiración a la libertad absoluta. Entre los principales autores europeos encontramos: Goethe — Las penas del joven Werther, Lord Byron — Don Juan y Childe Harold, Victor Hugo — Nuestra Señora de París y Los miserables, Alexandre Dumas — El conde de Montecristo, Mary Shelley — Frankenstein, Edgar Allan Poe — cuentos y poemas de atmósfera oscura y Novalis — uno de los grandes representantes del Romanticismo alemán. En España destacan: José de Espronceda, Gustavo Adolfo Bécquer, Mariano José de Larra, José Zorrilla y Duque de Rivas. En el fondo, el Romanticismo plantea una pregunta profundamente moderna: ¿Puede el ser humano ser feliz cuando su deseo de absoluto choca con los límites de la realidad? El romántico quiere amar absolutamente, ser absolutamente libre y vivir intensamente. Pero descubre que el mundo es limitado y que la sociedad impone fronteras. De ahí nace la característica melancolía romántica, el sufrimiento de quien desea algo infinito dentro de una existencia finita. Por eso el Romanticismo no es solamente una escuela literaria. Es también una determinada manera de concebir al ser humano: un ser dividido entre la razón y la pasión, entre el deseo y la realidad, entre el sueño y el mundo. En una frase, el Romanticismo es la literatura de la Libertad, la pasión, la imaginación y la rebelión del individuo frente a los límites de la realidad. Un gran abrazo desde la hermosa y culta Francia, Félix José Hernández.
Compartir en Facebook