Carlito's Way de Brian De Palma
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París, 21 de julio de 2026. Querida Ofelia, Carlito's Way es una de las obras más maduras y melancólicas de Brian De Palma. Estrenada en 1993 y basada en las novelas de Edwin Torres, la película reúne a Al Pacino y Sean Penn en un drama criminal que trasciende los códigos del cine de gánsteres para convertirse en una profunda reflexión sobre el destino, la redención y la imposibilidad de escapar del pasado. Después de haber interpretado al despiadado Tony Montana en Scarface, Pacino ofrece aquí un personaje diametralmente opuesto. Carlito Brigante ya no desea conquistar el poder; sólo anhela una vida ordinaria. Tras salir de prisión gracias a una maniobra legal de su abogado David Kleinfeld (un extraordinario Sean Penn, irreconocible bajo su transformación física), Carlito sueña con ahorrar dinero para abandonar Nueva York junto a Gail, la mujer que ama, e iniciar una nueva existencia en las Bahamas. Sin embargo, el mundo criminal no concede segundas oportunidades. Cada intento de Carlito por alejarse de la violencia termina acercándolo nuevamente a ella. El protagonista comprende demasiado tarde que el pasado no es un lugar del que uno pueda marcharse simplemente; es una sombra que acompaña cada decisión. Brian De Palma filma esta tragedia con una elegancia visual extraordinaria. Sus característicos planos secuencia, el uso magistral de la cámara en movimiento y la tensión casi operística alcanzan uno de sus puntos culminantes en la célebre persecución final por la estación Grand Central, una secuencia de suspense modélica en la que cada escalera mecánica, cada columna y cada mirada parecen anunciar un desenlace inevitable. Visualmente, la película evita el exceso barroco de Scarface. Predominan los tonos otoñales y una fotografía que envuelve la historia en una atmósfera de nostalgia. Nueva York aparece como una ciudad hermosa y hostil al mismo tiempo, un laberinto del que resulta imposible escapar. La música de Patrick Doyle acompaña la narración con una partitura de gran lirismo que subraya el carácter elegíaco del relato. No celebra la violencia; lamenta la pérdida de una vida que pudo haber sido distinta. La estructura dramática recuerda a las tragedias griegas. Desde el inicio, De Palma revela que Carlito está condenado. Toda la película funciona como un largo recuerdo, una marcha hacia un destino conocido pero igualmente conmovedor. El verdadero antagonista no es únicamente el crimen organizado sino David Kleinfeld. Consumido por la codicia, la cocaína y el narcisismo, el abogado representa aquello que Carlito fue y aquello que se niega a seguir siendo. Mientras Carlito busca la redención, Kleinfeld acelera su propia degradación moral. La gran pregunta que plantea la película es si un ser humano puede reinventarse completamente. Carlito cree que la libertad consiste en cambiar de vida. Pero De Palma parece sugerir una idea más amarga: la sociedad y la memoria de los demás nos fijan en una identidad de la que resulta casi imposible escapar. Esta visión recuerda el concepto del eterno retorno de Friedrich Nietzsche. El pasado regresa continuamente y obliga al individuo a enfrentarse una y otra vez con aquello que creyó haber dejado atrás. Carlito lucha contra un destino que parece escrito antes incluso de que tome sus decisiones. También puede leerse desde la perspectiva de Jean-Paul Sartre. El protagonista intenta ejercer su libertad mediante elecciones morales diferentes, pero descubre que la libertad individual siempre se encuentra condicionada por las circunstancias, la mirada ajena y las consecuencias de los actos anteriores. Desde un punto de vista cristiano, Carlito representa al pecador arrepentido que busca una forma de salvación. No muere como un criminal orgulloso, sino como un hombre reconciliado consigo mismo y con el amor. Su muerte adquiere así un carácter casi sacrificial. Al Pacino construye uno de los personajes más humanos de toda su carrera. Su Carlito es sereno, cansado y profundamente consciente de sus errores. La intensidad habitual del actor se transforma aquí en contención, lo que hace aún más conmovedora su interpretación. Sean Penn ofrece probablemente uno de los mejores trabajos de su filmografía. Su David Kleinfeld resulta fascinante precisamente porque encarna la corrupción moral bajo una apariencia de sofisticación intelectual. Penelope Ann Miller aporta sensibilidad al personaje de Gail, quien simboliza la posibilidad de una vida distinta, mientras que Luis Guzmán y John Leguizamo enriquecen el retrato del ecosistema criminal neoyorquino. Más que una película de gánsteres, Carlito's Way es una elegía sobre los sueños frustrados. Brian De Palma transforma el relato criminal en una meditación sobre el peso del pasado, la fragilidad de la esperanza y la dificultad de cambiar cuando el mundo se empeña en recordarnos quiénes fuimos. Su grandeza reside precisamente en esa mezcla de suspense, romanticismo y fatalismo. No glorifica el crimen; lo presenta como una prisión invisible cuyos barrotes sobreviven incluso después de recuperar la libertad. Carlito's Way permanece como una de las obras maestras de Brian De Palma y una de las interpretaciones más profundas y emotivas de Al Pacino: una tragedia moderna en la que el verdadero enemigo no es la muerte, sino un pasado que nunca deja de perseguir a quien intenta convertirse en otra persona. Un gran abrazo desde la bella y culta Francia, Félix José Hernández.
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