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Quince de Magucha.La Habana, 1965 

Miami, 18 de septiembre de 2017.

Nunca estuve muy interesada en viajar, pero sí en conocer, así que tus libros son perfectos para mí. Es como si desde mi cómodo sillón, pudiera ir de tu mano a todos esos maravillosos lugares.

  Nuestra relación personal fue en la  época dorada de la adolescencia donde teníamos una "fiesta de 15" casi todos los sábados y un "pica cake" casi todos los domingos. Era increíble, ensayábamos por las noches entre semana, solo un rato el ensayo, y el resto de la noche bailábamos "ruedas de casino". ¡Qué maravilla!

 Tú eras un muchacho alto, esbelto y que bailabas muy bien. Y lo más raro de todo, contabas con el "visto bueno" de mis padres que al hablar de ti decían: es uno de los pocos muchachos decentes. Y no es que los otros no lo fueran, pero ellos eran muy exigentes y casi nadie cumplía los parámetros.

Por eso fue mi asombro cuando con motivo de "mis 15" mis padres decidieron dar una fiesta en nuestra casa de la playa. Yo no estaba muy contenta porque me hubiera gustado una en salón con 14 parejas, pero ellos decidieron lo que yo llamé una "fiesta guajira" con carne de puerco, congrí y mucha comida. Y como el transporte en aquella época (y hoy en día) en Cuba era tan malo, alquilaron una guagua para que fueran todos los amigos. Los responsables de la guagua eran los padres de Mayra. De su casa saldría la guagua y cuando Chiqui (mujer maravillosa, mamá de Mayra) empezó a hacer la lista de los que irían, habló con tu mamá "la gorda" como cariñosamente la llamábamos, y ella le dijo que tú no ibas a la fiesta porque estabas castigado (no se qué travesura de adolescencia habrías hecho). Para mi gran asombro mis rígidos padres decidieron ir a  pedir que te  perdonaran, y oí decir a mi madre: -Pastor, es que él es el alma de la fiesta, sin él no habrá fiesta. Y para allá fueron un 24 de Abril de 1965 a pedir tu indulto.

  Íbamos en el, para aquel entonces muy viejo, Chrysler de 1954, cuando comenzó un fuerte aguacero con la mayor granizada (cosa poco frecuente en Cuba) que haya visto en mi vida. Mi madre, señora de medias finas, altos tacones y pelo siempre recogido en un elegante "moño francés", se bajó, bajo el aguacero y los granizos para conversar con los tuyos.  Mientras mi papá (hombre muy serio, de carácter muy fuerte), Rosa (la señora que se ocupaba de mí y de hacer las cosas de la casa), y yo, esperábamos en el carro. Pienso que a tus padres les dio lástima la señora toda mojada en el aguacero, y cuando ella regresó al carro dijo: - pensé que no lo iban a dejar, pero Ofelia miró a su esposo y él dijo: Bueno, está bien, que vaya. 

 Así que de vuelta al "cacharrón" como le decíamos al carro, mi padre trató de ponerlo en marcha y no arrancó. La inundación por el aguacero era tanta que el agua estaba dentro del carro, y este, según mi papá, estaba "ahogado". Allí tuvimos que esperar largo tiempo a que el agua bajara, viniera alguien y dar un "cablazo" para que la batería arrancara y llegar a la casa de la playa a poner los pastelitos en el horno porque se habían mojado con muchas otras cosas que iban en el maletero del carro pero no fue en vano porque ¡Félix José vendría a la fiesta!

 Agradezco a Dios porque en aquellos duros años en que Cuba se empezaba a caer a pedazos y que la música de "Los Beatles" era prohibida, nuestros padres pusieron una campana de cristal sobre nosotros para que no nos afectara lo que pasaba y convirtieron nuestra adolescencia en algo muy hermoso.

 Con los años la campana de cristal se evaporó y todos pasamos nuestras duras épocas hasta que pudimos emigrar a tierras de libertad. Hoy casi todo el grupo rehízo su vida fuera de Cuba y gracias al amor y la paciencia de Mayra, muchos de nosotros seguimos siendo amigos.  Nola Aguilar - Magucha

 Nola Aguilar : Arquitecto graduada de la CUJAE en 1978, Diseñadora Industrial graduada en el ISDI en 1984. Casada con Adriano Denis desde 1971 (uno de los mejores hombres de este mundo), con tres hijos y cuatro nietos, que son su mayor tesoro y alegría. Actualmente vive en Miami.

 

Agradezco a Adriano (mi esposo) por su amor y su paciencia en los casi 50 años que llevamos juntos.


"Cartas a Ofelia" es una serie de libros dedicados a su inolvidable Madre, son una golosina para los que les guste leer historias cortas personales, relatos de :  libros, películas, personalidades conocidas o por conocer, viajes, paseos, todos con lujo de detalles que te transportan con la imaginación a situaciones y lugares.  

Es como tomar un "crucero" y en cada puerto que llegamos tenemos una aventura nueva. Félix constantemente está viajando, sea en persona o con la mente. Sus recuerdos de situaciones, amistades o simple vida diaria son inigualables. Cuando leemos sus libros todos somos parte de ese "crucero" en que él viaja. Tal vez hoy estemos en el Metro de París, un cabaret famoso, en un barco visitando el Caribe o la Costa Mediterránea o tal vez recordando a seres queridos.

Todos tenemos la posibilidad de "soñar y pretender" que somos parte de sus historias. En los artículos de viajes, él describe el menor detalle con exactitud, la comida, la temperatura, descripción del cuarto. Todos acompañados por magníficas fotos y su modelo preferida : su querida esposa Marta.

Las memorias de su niñez y juventud nos hacen recordar esas etapas en nuestras vidas. Esos son mis preferidos, cuando él cuenta de su niñez en Camajuaní, sus familiares y personajes que estaban presentes en su vida diaria, la inocencia y alegría de su infancia. Y desde luego su adolescencia en La Habana, las amistades, los estudios, las fiestas. Un mundo que ya existe en realidad solamente en nuestros recuerdos.

 Sus artículos publicados en diferentes idiomas, hacen que el lector intente leerlos todos, tratando de descifrar el contenido de cada uno. Buscar un diccionario para lograr una  mejor comprensión de la historia escrita en otra lengua. A pesar de su amor y agradecimiento a Francia, Félix mantiene un profundo respeto y amor por su Cuba inolvidable.

 Los cubanos estamos esparcidos por todas partes del mundo y nos mezclamos con la cultura del país que nos acogió incluyéndola en nuestras vidas y familias. No todos podemos ser iguales y tener las mismas costumbres, pero si todos debemos respetar y aceptar al prójimo no importa donde viva, su religión, educación o ideas políticas. Después de todo, todos somos cubanos emigrantes.

 Mi amistad con Félix atraviesa varias décadas, interrumpidas por la desafortunada situación de Cuba. Conocí a Félix cuando éramos niños-adolescentes y rápidamente forjamos una amistad. El vivía en Centro Habana, y yo en las afueras, en Celimar. Pero nos encontrábamos en fiestas, en el cine o paseando. A los 16 años mis padres lograron obtener una visa para viajar a Filadelfia y nuestra amistad se interrumpió… ¡Por 50 años!

 Yo terminé mi adolescencia, estudios y parte de mi carrera en Filadelfia, me casé, tuve hijos y ahora nietos. Él igualmente terminó sus estudios en Cuba, se casó, tuvo un hijo y posteriormente nietos en Francia. Toda una vida.

 Nunca más nos volvimos a encontrar, pero como digo yo, manteniendo la tronchada amistad en las "cajitas" de recuerdos. Por casualidad o destino vi mi nombre mencionado en un escrito publicado por un escritor en Francia, desde luego era Félix. Eso me llamó la atención y después de seguir su "Webpage" ( www.cartasaofelia.com) por unas semanas, decidí ponerme en contacto con él. Con mucha alegría mutua hablamos por teléfono y la amistad tronchada renació.

 En noviembre de 2016, exactamente 50 años después, nos volvimos a encontrar en París. Conociendo a nuestros respectivos esposos Marta y William, celebramos el acontecimiento. En dos semanas Félix nos llevó a lugares que no habíamos visitado en nuestros viajes anteriores a Francia, con detalles infinitos pudimos ver lugares que no se encuentran en los libros de viajes. Le estamos agradecidos por sus esfuerzos, infinitamente.

 Félix y yo tenemos unas cuantas cosas en común: el deseo de leer, viajar, y más que nada… ¡Conversar! Desde que el público tuvo acceso a la televisión, el interés por leer libros ha descendido. Los críticos culturales no comprenden la atracción que ejerce la  TV. Pero nosotros, los que tenemos el interés insaciable de leer sabemos que no hay nada que reemplace los libros. Es un espacio propio que no tenemos que compartir con nadie y que nos lleva a lugares maravillosos.

 Los libros de Félix José Hernández lo transportarán a ese mundo especial.

 Kenia Diéguez Barrio, reside en Gainesville, al norte de la Florida, es una Enfermera Registrada graduada de MD College, con estudios avanzados en Cuidados Intensivos y Trasplantes de Órganos de la Universidad de la Florida. Ha recibido varios honores en su carrera de 44 años. Activa con Habitat for Humanity, Hospice Attic and Feed the Hungry. Casada con William, su amor universitario, desde hace 44 años. Sus hijos Alex y Lissette le han ofrecido cuatro  nietos: Sofía, Alexander, Oliver y Violet. Leer, decorar y viajar son sus hobbies favoritos. Ha recorrido : Europa, Rusia, Japón, El Reino Unido de la Gran Bretaña, Centro América, El Medio Oriente, etc.  Fueron grandes viajes, pero el favorito ha sido "El Camino de Santiago". William y Kenia fueron en  peregrinación hasta Santiago de Compostela en el 2015, un viaje espiritual y físico incomparable.

 

 


 

Amsterdam, 25 de enero de 2017.

 

Mi querido amigo:

 

Me pides que escriba el prólogo para este libro, lo que hago con gran placer, aunque te debo confesar que es la primera vez en mi vida que un amigo me hace este honor. 

Acabo de leer en tu sitio web los prólogos de los 33 libros anteriores y me pregunto: ¿Qué puedo escribir que ya no lo haya sido?       

Tus Cartas a Ofelia, me siguen trayendo muchos recuerdos de mi infancia y adolescencia santaclareña y mi juventud habanera. Supiste plasmar muy bien el derrumbe de mi familia en la crónica “Titi el esvispriveliano”, que me dedicaste después de la visita que hiciste con tu esposa Marta a Amsterdam en el 2013. 

Me agrada mucho como has escrito sobre tus viajes por Holanda, mi Patria de adopción. Leo tus crónicas sobre las exposiciones y museos parisinos, tus viajes alrededor del mundo, etc. A menudo junto a mi esposa comparamos nuestros puntos de vista sobre los lugares que describes y que hemos visitado, solemos  coincidir en casi todo. 

¿Crees que algún día podremos recorrer los lugares en los que transcurrieron nuestras vidas en nuestra añorada Patria? 

 Al igual que tú, nunca he regresado y tampoco lo pienso hacer mientras en nuestra tierra natal no reine la libertad. Pero el implacable tiempo pasa inexorablemente para todos y el nuestro nos acerca al final del camino. 

Tu familia y la mía han recorrido mucho desde Camajuaní y Santa Clara, han hecho caminos al andar, como escribió el gran Machado. Hemos tenido la gran suerte de estar casados con mujeres extraordinarias, sin las cuales estoy seguro de que no hubiésemos podido llegar hasta donde lo hemos logrado. 

Sigue contándonos sobre la vida cultural en ese espléndido París, sobre los libros que leees, las películas que ves, los espectáculos que disfrutas, tus viajes y... no olvides rescatar las anécdotas de tu vida en Cuba, éstas últimas son deliciosas aunque a veces nos hagan llorar – de risa o de tristeza-. Mi esposa y nuestros hijos, al igual que yo, las disfrutamos. 

En este momento el canal que pasa junto a casa esta casi congelado, el cielo es gris y las temperatuas son negativas, pero de todas formas te envío un caluroso abrazo cubano, esperando volver a verte pronto por acá, 

Peter (Titi el elvispriveliano).

 


 

Lausana, 2 de diciembre de 2016.

 

Querido amigo trotamundos :

 

Nos conocemos desde el 1959, cuando yo limpiaba zapatos en el Parque Central y tú vendías las flores de papel que hacía nuestra inolvidable Ofelia, ambos teníamos diez años. ¡Cómo ha llovido desde entonces!

 He leído con placer tus cientos de Cartas a Ofelia, me has hecho reír o saltar las lágrimas sobre todo cuando cuentas las anécdotas de tu infancia en Camajuaní y Santa Clara o tu adolescencia y juventud en La Habana. Me serviste de “padre confesor” para la crónica “Mayito el Suizo”,  mil gracias pues cuando la leí sentí un gran alivio, gracias a ti me quité un gran peso de encima.

He aprendido mucho sobre: cine, teatro, literatura, exposiciones, museos, etc. También me gustan mucho tus crónicas sobre los viajes por casi setenta países, cuando narras lo que has visto con tu mirada de exiliado cubano.

 Demos gracias a Dios por haber logrado conquistar la Libertad (escribo como tú esta bella palabra con mayúscula), por habernos permitido crear familias, prosperar y tener fe en el futuro de nuestros hijos y nietos.

 Compartimos muchas cosas querido Félix José, entre ellas la nostalgia por nuestra tierra natal y el sentimiento de que no tendremos el tiempo necesario para verla renacer del derrumbe, no solo material, en que   se encuentra gracias al régimen de los Castro y como bien dices, a su Oligarquía Roja.

 Estoy seguro que desde el Cielo, tu adorada madre Ofelia, se sentirá muy feliz al leer tus cartas que desde hace 35 años- desde que lograste ser un hombre Libre-, le escribes.

 Pronto nuestras familias se reunirán de nuevo aquí en Suiza para pasar unos buenos días juntos.

 Un gran abrazo para toda tu familia, también de parte de mi esposa,

 Mayito el suizo.

 

Nota bene: Mario, es un exiliado cubano, profesor de inglés. 

 


¡Felicitaciones una vez más!

 

 Es a mi parecer la tuya la más completa visión de cómo ha sido la vida de un verdadero cubano exiliado - representante por antonomasia de hombre de pueblo y cubano genuino - ,  por obra y gracia de la nunca suficientemente maldecida y bien llamada (solo que en su más fiel sentido peyorativo de absoluto y total caos) 'revolución' cubana, en realidad la peor catástrofe acaecida para la maltratada isla y sus habitantes en toda su historia republicana y anterior. Creo que nadie, ni periodistas ni escritores, ni siquiera historiadores han podido mostrar de modo más real como, queriendo subyugar han contribuido por el contrario a enaltecer al exiliado (pintado por ellos como un Retrato de Dorian Gray en su afán de denigrarlo), evidenciando por el contrario quien es el verdadero Dorian Gray, capaz de envilecer incluso a los que no han podido escapar de tal infierno, contrastando manifiestamente con la tenacidad y capacidad de la gran mayoría integrante de la diáspora cubana de luchadores genuinos que se reinventan y sobreponen ante todos los obstáculos posibles en tierras ajenas, permitiendo ver a través de sus vivencias al admirable y verdadero cubano.

 

 Tus memorias abarcan todo el quehacer del Exilio cubano, no importa en qué parte del mundo y son memoria viva y representación de nuestra generación que si, somos lo que somos 'gracias a la revolución': polvo y ceniza los de la isla, hombres y mujeres de bien, luchadores incansables, indoblegables y exitosos los exiliados...

 

 Gracias por eso y por tus memorias que son fuente referencia vivida y verdadera historia de lo que han sido estos años, duros muchas veces, pero que demuestran lo que la tenacidad y entereza pueden lograr.

 

 Un fuerte abrazo a ti, así como a tu esposa y a tu hijo, acicate y apoyo a tu lado siempre.

 

 Adela.

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Aleida Esther Codina Cuevas

 Miami 13 de julio de 2016. 

Hace unos meses, navegando por la Internet,  encontré un artículo con la foto de Félix José Hernández, escritor y periodista de renombre. La observé detenidamente y me percaté  que podría ser el mismo que conocí en Cuba en mis años adolescentes.  Lo contacté y le pregunté si era él aquel joven apuesto, amigo de Octavio, que yo había conocido a finales de 1965 en una fiesta de Quince en La Habana. Me dijo que sí.  Nos identificamos y conversamos muchísimo. Tuve la sensación de viajar en una máquina del tiempo y remontarme a una época de nuestras vidas que fue muy hermosa, con recuerdos imposibles de olvidar.  Me habló de sus triunfos, de su vida, su esposa, hijo y nietos, al igual lo hice yo.   

Al colgar el celular corrí a la computadora y entré en su sitio web: www.cartasaofelia.com   Comprendí que aquel adolescente que conocí hace 50 años, es hoy día  un profesional, experto narrador del arte, la historia y experiencias, plasmadas en las crónicas y cartas dedicadas a su muy querida madre, Ofelia.  Pero más allá de ello, Félix José me ha pedido que le redactara el prólogo para este Tomo XII de “Desde las Orillas del Sena”, número 32 de "Cartas a Ofelia",  el cual considero que es uno de sus mayores éxitos.   

Escribir en mi idioma natal de nuevo no ha sido fácilaunque desde temprana edad me gustaba hacerlo, como también  leer. Puedo decir que fui buena en literatura, composición y gramática, con una mente viva y de escritura rápida. Tal fue así,  que dejé en La Habana, poemarios y una novela escrita, con una buena amiga de la que  no supe nunca más. Tristemente este aprendizaje se truncó cuando renuncié al Instituto de la Habana, el día en que un miliciano con documentos en mano  informó a mis padres, que teníamos la reclamación aprobada para salir del país  hacia los EE.UU.   

Abandoné  a mi Cuba junto a mis padres en septiembre de 1968. Tenía solo 18 años y   cesaron mis estudios en español, para comenzar a estudiar en inglés, la lengua de mi Patria de adopción.    

Sabía que Amado y Ofelia eran los padres de Félix José, aunque nunca los conocí personalmente, como tampoco a su hermano  Juan Alberto.  Lo que ahora conozco de él es por su autobiografía y por él mismo.   Supe que en el 1974 se casó con una joven llamada Marta Fernández, con la que fundó su familia y con quien tuvo un hijo al que llamaron Giancarlo.   

Félix José continuó sus estudios en Cuba, fue profesor de Geografía durante once años y  guía de turismo internacional.  Gracias a sus conocimientos y relaciones llegó a Francia con su familia en 1981, pidió asilo político y  ese gran país se convirtió en su  Patria de adopción. Tanto para él, como para todos los que tuvimos que partir de nuestra tierra natal, el comenzar de nuevo no fue  fácil. Pero por conquistar la libertadcualquier sacrificio es válido.   

Gracias a su audacia,  conocimientos, y el poder de comunicarse en tres idiomas, Félix José salió adelante, como profesor, escritor y periodista.  Ha recibido múltiples reconocimientos y premios, por lo que para mí escribir este prólogo, representa un honor y  un privilegio. 

Gracias Félix José,  espero que este reencuentro después de 50 años,  perdure por el resto de nuestras vidas y que este tomo del cual soy participe, sea un éxito más en tu haber.

 

 Hasta pronto,     

Aleida. 

 Aleida Esther Codina Cuevas, nació en San Cristóbal de La Habana, un 11 de Junio, día Sta Aleydis. Certificada en Manejos de Negocio, Universidad de Miami 1988; Certificada en varios otros estudios de la Universidad de Miami tales como: Fundamentals of Supervision, Problem Solving/Coaching, Support Staff Skills Development Program, 1994-1997, Business Applications in Health Care, 1999; Achievement/Sponsored and Research Educational Programs, 2003. Actualmente retirada de la Universidad de Miami, Escuela de Medicina, Admisnistradora de la División de Neonatología, Depto. de Pediatría, June 2012.

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 Doña Marta Requeiro Dueñas. 

 Miami,  22 de abril de 2016.

 

 “Emigrar”

 Emigrar es padecer un dolor eterno.

 Es romper raíces, es llorar,

 despedirse, enlutarse prematuramente,

 perder protagonismo,

 y morir un poco.

 Envolverse en una cáscara dura

 para que el tuétano no sufra.

 Es tragar hiel y continuar viviendo.

 Es ser traicionado por la memoria

 tratando de ganarle la batalla al olvido.

 Es atesorar recuerdos amarillos

 y traslúcidos que van perdiendo el contorno.

 Es conservar un perfume y un sabor sólo nuestros.

 Es tararear una canción para que no se la lleve el aire del tiempo.

 Es tratar de pertenecer, mimetizarse, adoptar.

 Dividirse, no volver a ser completos.

 Es hacer de tripas corazón,

 y haberse decidido

 a cambiarle el rumbo a los sueños. 

 

 La vida es insospechada. No es un libreto que traemos bajo el brazo cuando nacemos, sino que la vamos experimentando y escribiendo a medida que la vivimos. Como diría John Lennon: “La vida es aquello que te va sucediendo mientras estas ocupado haciendo otros planes”. Y yo agregaría: ¡Alcanzando los sueños! Por eso no hemos de culpar a quienes, a cualquier precio, quieran alcanzar lo más preciado y con lo que ya debe contar todo hombre cuando nace: La libertad. Porque sin ésta es imposible soñar. 

 Hoy me he levantado con una tarea importante que me ha tomado por sorpresa; y ha sido la llamada, desde París, del Profesor Félix José Hernández para pedirme hacer el prólogo de su libro número 31, “Desde las orillas del Sena”, basado en las cartas que desde hace treinta y cinco años viene escribiendo a su madre, Ofelia. Hoy infelizmente ausente, y que ha modo de homenaje ha continuado enviando. 

 Haré gala de mi mayor defecto, considerado así por los que carecen de autodeterminación, y me expresaré con la sinceridad y autenticidad que debe caracterizar a toda persona emancipada, al elaborar esta introducción. 

 A él no lo conozco personalmente, hasta hoy, pero le profeso un sentimiento profundo de agradecimiento por el interés prestado en mí insipiente carrera  como escritora y el interés de adherir, a este tomo, algunas de mis crónicas. Por lo que esta honorable tarea es más que un compromiso. 

 No es correcto hablar - incluso de forma halagadora - de quien no se conoce extensamente; pero sabiendo de sus esfuerzos para lograr salir adelante, viendo que hoy es un catedrático con vasta experiencia, políglota, y periodista premiado innumerables veces; constato que es una persona intachable. Para nada diferente a como se presenta ante quienes sí lo conocen de tiempo, los que han hecho los prólogos de sus libros anteriores y los que, como yo, pueden imaginar su carácter y presencia a través de su trabajo y sus “Cartas a Ofelia”: crónicas escogidas que difunden conocimientos de diversa índole, encabezadas y concluidas con el mayor amor y respeto. 

 Si me preguntan ¿cómo me siento?, diré primeramente que honrada. Como una especie de telonera descorriendo la cortina que cubre esta obra que se abrirá ante sus ojos, y que pondrá de manifiesto el difícil vivir de los cubanos dentro de la isla y no menos difícil, pero sí más alentador, fuera de ella. Donde como párvulos asombrados van descubriendo el mundo y sus matices más allá del horizonte acuoso que rodea a la tierra que los vio nacer. Ese mundo exterior que les fue prohibido hasta entonces, y que representa un abanico de posibilidades para el arriesgado que quiera jugárselo todo por sus sueños. 

 Don Félix José Hernández dejó Cuba a los 35 años, en 1981, para emigrar a Francia como refugiado político, al lado de su esposa e hijo de cinco años, tras fracasar en el intento de salir en 1980 por el Puerto del Mariel. 

 Los conocimientos que poseía en el idioma italiano y como los de Profesor de Geografía no le sirvieron de mucho. No fue fácil  el inicio existencial para él y su familia en un país extraño. Trabajó como obrero de la construcción, se desempeñó como guardia de seguridad en hoteles, empleado de supermercado, distribuidor de folletos, e hizo limpiezas en tiendas y oficinas. Todo lo que estuviera a su alcance para salir adelante honradamente. 

 Después de tantos esfuerzos y el azaroso vivir, superarse académicamente y lograr destacarse en su trabajo, hoy ostenta varios premios internacionales de periodismo entregados en Estados Unidos, Suecia, Madrid, así como el reconocimiento a su labor en su terruño querido. Ha ejercido como profesor en dos universidades de Paris, pertenece al Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio, es miembro del Pen Club de Escritores Cubanos, también en el exilio. Ha publicado artículos en destacadas revistas francesas y belgas. Fue redactor de la revista francesa Les Cahiers d´Histoire. 

 Es el creador de las crónicas “Memorias del Exilio”, con un total de nueve tomos, donde recopila las cartas escritas a su madre, Ofelia Valdés Ríos, las que enviaba cada semana contándole las experiencias del cotidiano vivir en ese París, para ella tan lejano. Quien, a su vez, las leía frente a familiares y amigos que descubrían como se veía Cuba desde afuera, y conocían un poco del mundo a través de aquellas lecturas que se volvían imágenes asombrosas en sus mentes. 

 Este compendio de misivas plasman las experiencias de sus viajes por los sesenta y seis países que fue conociendo a lo largo de treinta y cinco años; aunque también encierran anécdotas de su infancia, niñez y adolescencia en Cuba. Crónicas que igualmente se dieron a conocer en distintas revistas de Francia y Bélgica, en los respectivos idiomas. 

 Por internet circulan más de tres mil artículos de éste tipo que han sido publicados desde los años ochenta en distintas revistas y diarios de Francia, Suecia, Bélgica, y España. 

“Desde las orillas del Sena”, la nueva antología de Cartas a Ofelia, se manifiesta con un lenguaje libre de demagogia adoctrinante, llena de amor de añoranza por lo dejado y emoción ante lo nuevo y variado. Tal y como es el mundo ante los ojos del expatriado: persona de carne y hueso que, sin llegar a ser un superhéroe, logra traspasar la barrera de la impotencia y completarse como ser humano, haciéndole saber a los coterráneos por qué es tan importante la libertad.

   Se encontrarán textos en distintos idiomas. Todos haciendo alusión a lo, a veces simple pero penosamente aún prohibido para el cubano que no se atreve a tomar las riendas de su destino y alucina con cada palabra que lee o escucha proveniente del exterior, soñando con lugares, aromas y sensaciones desconocidas. 

Me abstraigo e imagino ver a la Sra. Ofelia parada en la acera de su casa. No es difícil lograrlo pues igual hacía mi madre y suele hacer cualquier madre cubana, en espera del cartero que traiga una misiva con buenas nuevas proveniente de los más incógnitos lugares del universo donde asombrosamente hay un cubano.

De Camajuaní es Don Félix, mi madre también lo es. Lo extraordinario fue saber, por él, que su padre y mi abuelo se conocieron. Siendo cubanos en la sangre llevamos el mismo ADN emocional y en los corazones las cicatrices del exilio.

  Con Cartas a Ofelia, Desde las orillas del Sena, se creará un puente de comunicación y unión con nuestras raíces y será, a través de ella, como un brotar de alas.

   ¡Que disfruten la lectura!”

   Marta M. Requeiro Dueñas

   Marta M. Requeiro Dueñas nació el 7 de Diciembre de 1960 en La Ciudad de La Habana, Cuba. Egresó del Politécnico “Lázaro Peña” en 1989 como Técnico en Organización y Planificación de la Industria Metalúrgica. Emigró a Chile en 1999, donde se nacionalizó chilena. Desde entonces, con formación autodidacta, incursiona  como escritora y poeta. Plasma en su obra todo sentimiento humano, el generado por una infancia con dificultades, el amor, y el exilio y sus secuelas. Actualmente reside en Estados Unidos. 

 Varios de sus escritos han sido publicados en las páginas web:

  www.cubamatinal.es , www.cubaenelmundo.com , www.cubademocraciayvida.org ,www.radiomiami.us , www.eldiariodelamarina.com , www.netsolutionusa.com  y www.cartasaofelia.com 

  Creó dos blogs donde manifiesta su trabajo, narrativo y poético a los que se accede entrando a:  martarequeiro.blogspot.com  y www.facebook.com/martarequeiro

 


 

 

 

Mrs. Diane Cubeñas-Serra

 

Miami, February 12th, 2016.

Felix Jose Hernandez, a well-known international author has asked the impossible of me, “Please write the prologue of my next book.”  What a predicament he has put me in!  First of all, will my writing be able to justify such a well-renowned man?  Will I be able to fully articulate and give justice to a professional that has impacted the literary community with as much dignity as I can bestow?  I can only hope that through these mere sentences, I will manage to convey the concept that not only is Felix Jose Hernandez a remarkable individual, but a man whose writing continues to impress even the most challenging readers. 

Mr. Hernandez is a man who has made his mark in the world through writing.  He writes poetically of all his trips and adventures around the world; a man that has visited approximately sixty-five countries.  Language barriers don’t necessarily exist for Felix for he speaks and writes fluently in three languages, Spanish, French, and Italian and his tales vividly describe each corner of the globe he has graced.  After reading his “Cartas a Ofelia” a reader vicariously feels they too have visited theforeign lands.  Each trip is recorded as a letter to his mother, Ofelia, and written in such a way that the reader too establishes common ground.  Although Ofelia may no longer inhabit this earth physically, her spiritual presence allow millions of readers to travel to distant destinations.

I first discovered his “Cartas” in a mistakenly opened email.  At the time, my family and I shared one email address for the entire household.  When I mistakenly opened the message, I was instantly captivated by the words that flowed across my screen.  I felt transported to the little village Felix was describing to his mother.  I could see myself walking through the streets, eating at tiny dimly lit restaurants, as I carelessly sipped on merlot.  The words that flow on the paper are truly those of an artist masking their talent on paper. 

Only through laborious yet delightful reading did I become more fascinated and enamored to learn about the talented Felix Jose Hernandez.  My mother-in-law, Mayra Serra, a woman who has become more of a mother to me than words can express is perhaps one of Felix’s most beloved family friends.  The relationship and friendship that exists between these two remarkableindividuals dates back to the 1960’s where they first met at a debutant party.  Mayra quickly relived those precious adolescent moments by sharing her memories with me.  Felix and Mayra danced at various debutant parties and shared their friendship and stories with intimate groups of friends.  I learned from Mayra that Felix is not only an intelligent man, but his eloquence and mannerisms far surpass many of her beloved acquaintances.  Not only had I personally gotten an opportunity to know Felix, but having had the opportunity to speak with my Mother-in-Law regarding such a phenomenal individual only managed to help me realize the unwavering friend Felix had become to those whose lives he touched.

Felix Jose is an exceptional writer no doubt, but few have been blessed to know him as a friend.  It is truly an honor to be able to write words about a man whose friendship has spanned more than half a century.  What is to admire?  Felix Jose is attentive, gracious, thoughtful, compassionate, and overall one of the most perfect gentleman that an individual can meet.  Few can say they have experienced such a true and devoted man, but it is an honor to call Felix friend.  His is a friendship tosurvive decades, overcoming Castro’s communism, and spanning the vast oceans. Thanks to the camaraderie that has developed, I have traveled the world with an amazing man and his family.  I know of Felix’s love of family, friendship, and profession.  He was a magnificent professor at the woman’s college where he taught Spanish and managed to develop the same passion and love as demonstrated through his beloved “Cartas a Ofelia”.

I have finally come to realize that I too share his three loves.  I love my family like a tight-knit group and value it as one of life’s most valuable possessions; I love friendships that have strengthened me over time and allow me to grow as a human being, and; I have come to pour my heart and love in my profession, as I have learned from Felix’s unwavering compassion.  I, like Felix Jose, am an educator and have managed to bestow my knowledge on the young minds of our country.  With approximately twenty years to my credit, I am still a novice by his standards but continuously pride myself on making every day count and by teaching from the heart, a trait I credit only to Felix Jose.

One ultimate request from Felix in this dedication is that I devote my writing to someone worthy.  I bestow that honor upon the individuals who God placed in my path to save me, my husband and my Mother-in-Law.  I have lived the most happiest of moments with these beloved individuals and have experienced the greatest joys, adventures, and breath-taking instances with each and every single one.  Above all, I bestow a great honor to my husband, Alfredo Serra.  Words cannot convey how I truly feel about the love we have shared, but know that our story still has many exciting chapters to be written!  Finally, I thank the lord God for the presence of those who touch my life on a daily basis.  To you God, I bestow the highest of honors. 

 


 

 

 

Gelsys Román Quintana,

La Habana, 1965.

 

Miami, 10 de noviembre de 2015.

 

Son tantas las cosas que puedo decir de mi gran amigo Félix José, que no me alcanzaría un prólogo para escribir sobre él. Nunca pensé en los años que tengo, ser partícipe de un libro y lo más sorprendente… escrito por él.

 Nos conocimos en el año 1964. Fue testigo de mi gran historia de amor con el hombre de mi vida. Coincidíamos en muchas fiestas de Quince, tuvimos una adolescencia maravillosa, en la que los amigos eran amigos, él nos cuidaba y respetaba. Luego la vida nos hizo tomar rumbos diferentes, él se casó y fundó su familia.

Era profesor de geografía y también traductor e intérprete de italiano. Gracias a esto último, conoció a numerosos extranjeros, los  que posteriormente le ayudarían a  salir de Cuba. Logró obtener su asilo político en Francia en  1981 junto a su esposa y su hijo de 5 años.

Gracias a su capacidad para hacer frente a las adversidades de la vida, supo transformar el exilio en fuerza motora para renacer y lograr salir fortalecido en su destierro. Félix José ha sido el arquitecto de su propio destino, por ello ha logrado,  no solo en el país que lo acogió junto a su esposa e hijo,  tantos reconocimientos y premios.

 Pero para mí el más importante de sus éxitos ha sido sus  “Cartas a Ofelia”,  que con su facilidad de palabras (don que no poseen muchas personas), nos cuenta con lujo de detalles: sus experiencias del exilio, la historia del arte de los museos que visita, sus viajes por 66 países hasta hoy día, las obras de  teatro que disfruta, las novelas o los poemarios que lee, etc.

Lo cuenta con tanta pasión, que la lleva a una de la mano. Sus crónicas han llenado las páginas de 28 libros, que cultivan y… ¿Qué mejor homenaje a Ofelia, su querida madre,  que el de leer sus libros?

 

Gelsys Román Quintana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

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Doña Mayra Senra Quintana.

Miami, 2 de Agosto de 2015

Siempre se ha dicho que escribe quien tiene algo que contar. Cuando los recuerdos afluyen a nuestra  memoria… surge la necesidad de contar lo vivido, lo aprendido, las angustias y las alegrías.

Entre esas alegrías está la petición de mi gran amigo Félix José  de que le escribiera el prólogo para su nuevo libro -el tomo 28-. Al principio me paralicé y por supuesto me sorprendió, porque no soy poetisa ni escritora, pero me sentí halagada de que me pidiera ser parte de su obra. ¿Cómo me  iba a negar?

Nos conocimos en el 1964 y desde entonces somos amigos. En aquel tiempo de nuestra adolescencia, vivimos momentos inolvidables que aún hoy, medio siglo después, siguen latentes en nuestra memoria. Fuimos pareja de infinidad de fiestas de Quinces. Íbamos a la playa, al teatro, nos divertíamos, pues  teníamos muchas cosas en común.

En octubre del 1966 lo llamaron al servicio militar obligatorio, por lo que sentí un gran dolor. Es frustrante que te corten las alas y tengas que hacer algo estando en contra de tu voluntad.

Conocí a sus padres Ofelia y Amado, también a su hermano Juan Alberto, a quien admiro y quiero muchísimo. Con todos ellos compartí muchos ratos hermosos. Ofelia era una persona muy jovial, pero de carácter. Siempre la encontraba haciendo flores de papel sentada en la mesa del comedor y por supuesto al tanto de todo el que llegará a su casa. Amado siempre estaba pendiente de lo que ella necesitara. Los dos eran extremadamente serviciales.
 

Esa casa tenía un don muy especial, tenía duende, como dicen los españoles.


Transcurrieron los años…en el 1968 me casé, pero  jamás dejé de visitar aquella casa. Mis hijos acababan siempre por “escalar”  la gran reja de su sala.

En el 1974 se casaron Marta y Félix José.  Fundaron una familia encantadora, al tener un hijo al que llamaron Giancarlo. Es un excelente muchacho que se casó  con Anne-Laure, una joven francesa fina, bella y culta, como todos ellos. Tienen una niña y un niño preciosos.

 Félix José con su avidez de ampliar sus conocimientos, lo mismo era guía turístico, que profesor de geografía. Con esas habilidades pudo relacionarse con extranjeros, que gracias a Dios le ayudaron a salir del país en 1981.

 Al llegar a Francia, país que les dio asilo político, como todo principio fue duro y más sin conocer la lengua, tuvieron tropiezos y muchas vicisitudes. Pero gracias a su perseverancia  y esfuerzo,  lograron lo que no pudieron  en su tierra natal.

Considerando a Francia como su  Patria de adopción, gozando  sobre todo de la Libertad de Expresión que le fue negada en su país de origen, Félix José  comenzó   a escribirle cartas  a su madre semanalmente, contándole sus experiencias vividas en el exilio, los viajes relatados con lujo de detalles, su vida cotidiana, los libros que leía, los museos que visitaba, etc.

Como profesor, sabía cómo lograr  que todos  se interesarán por la lectura de sus Cartas a Ofelia, porque no sólo ella las leía, sino que  el vecindario estaba ávido de conocer cosas, aunque fuera por medio  de una carta. Los vecinos iban a casa de Ofelia y Amado y copiaban a mano las cartas y así comenzaron a circular por Centro Habana.

 Al fallecer su madre en 1988, una gran amiga nuestra le sugirió que continuara escribiendo sus Cartas a Ofelia, pero para el mundo. De ahí surgió la idea, por lo cual hay que agradecerle infinitamente a Taide.

Doña Ofelia Valdés Ríos es la  autora intelectual del prestigio adquirido por su hijo, reconocido escritor. Este es el tomo 28 que recopila las más recientes Cartas a Ofelia en sus 500 páginas. Sus crónicas publicadas en Francia, España, Bélgica y los EE.UU. fundamentalmente, le han permitido ganar siete premios internacionales. Excelente profesor universitario, no sólo escribe sus crónicas en español sino también en francés e italiano.

Con las  Cartas a Ofelia recorremos países transportándonos con su lectura, nos actualizamos políticamente, ampliamos conocimientos sobre obras de teatros, literatura y cultura en general, caracterizadas por su realismo y brillante redacción.

Doña Mayra Serra Quintana, logró partir de Cuba rumbo a Venezuela en 1978 junto a su esposo -ex prisionero político- y sus dos hijos menores de edad. Posteriormente la familia se trasladó a Miami. Donde desde entonces Mayra trabaja como secretaria medical.

 


La Dra. Matilde L. Álvarez

Miami, 10 de junio de 2015

El 30 de mayo de este año recibí un correo electrónico de Félix José diciéndome “deseo que me hagas el favor de escribir el prólogo de mi nuevo libro”. Me dije ¿favor? ¡Dios mío, si es un orgullo para mí que me lo pida este extraordinario cronista y escritor que además es un amigo entrañable! Nunca había escrito uno para nadie y que el primero sea para él, lo considero un honor.

Escribir un prólogo para el nuevo libro de Félix José, tomo VII titulado “Desde las orillas del Sena”, es bien fácil. ¿Por qué digo que es fácil? porque hay muchísimos calificativos que se pueden usar para hablar de la obra de este escritor cuando se tiene el talento que tiene él para escribir tan bien sobre las cosas más disimiles.  De algunas de ellas hablare más adelante. Es además fácil, porque él sabe trasmitir en sus escritos su calidad como un ser humano extraordinario, un caballero que destila siempre en ellos su hombría de bien.

Hace relativamente poco tiempo que nos conocemos pues fue solo a mediados del año pasado. Este poco tiempo de nuestra amistad, como ya le dije a él en una ocasión, no ha impedido que lo considere un gran amigo, pues entró por la puerta grande que llega al corazón de uno.

Cuando comencé a leer sus escritos le pregunté que quién era Ofelia y me dijo que su madre. Pensé, ¡qué suerte que la tiene viva! Pero luego, al leer el prólogo que  hizo su amiga Taide al libro anterior de Félix José, me enteré que su madre se había ido ya a la casa de Dios. Cuando Ofelia vivía y él ya estaba en el exilio, le mandaba sus impresiones y experiencias en unas cartas semanales (de 1981 a 1988), que desgraciadamente se han perdido. Cuenta Taide: “cuando Ofelia murió (1988) Félix se derrumbó en ese lejano París. Mi esposo y yo le dimos el consejo de que siguiera escribiéndole a Ofelia pero poniendo las cartas en Internet.” Gracias a Dios y para nuestra suerte, así lo hizo.

Me pareció muy acertado que él comenzara este libro con un párrafo de Miguel de Cervantes Saavedra sobre la libertad. Ese preciado don sin el que no se puede vivir y que los exilados (él y yo entre ellos), sabemos bien el precio tan grande que hay que pagar para tenerla.

¿Sobre qué temas escribe Félix José sus crónicas? Sobre todo lo habido y por haber. La diversidad de sus temas es sencillamente increíble. Sus descripciones sobre las exposiciones de arte son las de un profesor de Historia del Arte, con una habilidad muy especial, son tan amenas, que nos hacen sentir que estamos con él recorriendo las galerías. En este tomo Félix José describe como el mejor guía turístico el viaje con su bella esposa Marta, (“la mujer de mi vida”) en un crucero, visitando nada menos que 11 islas del Caribe.

En este tomo nos puede hablar de la moda como lo hace en “Jean Paul Gautier” (el niño rebelde de la moda) describiendo su trayectoria; dentro del arte nos puede hablar de la exposición de las 10 obras de Picasso en el Museo del Prado; de un tapiz valiosísimo de lana y seda en el Museo de Huesca: “La Virgen y el Niño” ; de la exposición “No ver, no oír y callar” en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, para analizar el arte en los últimos 25 años; de cine cómo Josef von Steinberg descubre a Marlene Dietrich; sobre conciertos como los trasmitidos por el Museo Reina Sofía: sobre fotografía como la obra de la mejicana Lola Álvarez Bravo;  de asuntos políticos como la agresión a los miembros de la disidencia cubana en la Cumbre de Panamá y “el plan demoledor de Maduro” en Venezuela; análisis filosóficos como las inconsistencias de Alejo Carpentier sobre la libertad; sobre la visita del Presidente de Francia a la dictadura cubana; y la mejor manera de combatir el terrorismo; de literatura: Carta y versos de José Martí a su madre. Al final de esta crónica Félix José le escribe a su madre, ya fallecida, este hermoso párrafo por el Día de las Madres: “Querida Ofelia: Sólo me resta decirte que te amo y te amaré más allá del final de mi tiempo. Y como cada año desde que te fuiste tengo una vela encendida junto a una orquídea morada, tu flor favorita”.

Quiero agregar que en la crónica “No existe real ciudadanía en el marxismo” de Rafael Marcano desde Caracas, Félix José, sin ser economista, nos ofrece un análisis sobre la economía de mercado y el capitalismo que considero antológico.

En este tomo Félix José comparte con sus lectores una traumática experiencia, la usurpación de su identidad en el “Diario de Cuba” en Madrid. Sin relatar los detalles que tan bien explica él, quiero decir que en medio de ese terrible episodio que le tocó vivir, debe de tener la inmensa satisfacción que salieron a defenderlo de todas partes, desde el Colegio de Periodistas Cubanos en el Exilio, el Pen Club de Escritores Cubanos en el Exilio, y muchos de sus numerosos lectores de todos los rincones del mundo. Yo solo quiero repetir algo que le dije entonces: “los tentáculos del gobierno comunista de Cuba son muy largos”. Cuando lean lo que Félix José escribió sobre este episodio tan injusto de su carrera entenderán por qué le dije eso.

En este libro nuestro amigo presenta 12 crónicas sobre su pueblo natal “Camajuaní”, que el titula “Del Central Fé a París –El Camino de la Libertad”. Tengo que confesar que con todo lo que he aprendido por las otras crónicas de él, estas son mis favoritas y las he disfrutado inmensamente. Ellas son como estampas costumbristas de un pueblo específico de Cuba, nuestra patria, pero que pudieran reflejar la vida en otros pueblos también. En ellas, él presenta a su familia, a sus amigos, narra las historias de lo que vivió, habla de personajes sui generis de su pueblo, narra historias muy cómicas y tristes también pero  todo revestido de un amor profundísimo por su pueblo.

Yo tuve la inmensa dicha que mi padre hizo suyo aquél refrán de “conozca a Cuba primero y al extranjero después” y quiso que yo conociera bien a mi patria. Viajamos tanto por sus ciudades y pueblos, que así la conocí y además aprendí a valorar a nuestros guajiros, como los seres más generosos del mundo que compartían con los amigos o visitantes lo que tenían, a veces lo poco que tenían. Yo soy habanera y adoro y añoraré siempre a mi Habana Vieja donde nací y me crié, pero siempre he pensado que nuestros guajiros eran los seres mejores de nuestra tierra.

Voy a terminar este prólogo con algo que Félix José escribió en una de estas crónicas que me caló muy hondo: “me gusta lo popular cubano, la gente que está cerca de sus raíces, de lo genuino, detesto la arrogancia y la altanería, soy un guajiro cubano”. Y agrego yo, un guajiro cubano que es un extraordinario escritor, que ha recibido innumerables premios internacionales, políglota pues escribe en español, italiano y francés, que ha creado con su esposa Marta una familia ejemplar, que es fiel y gran amigo de sus amigos y un hombre que expresa su ternura sin miedo como la que siempre le regala a “Ofelia” su madre querida.

Doña Matilde L. Álvarez, nació en San Cristóbal de La Habana, Cuba. Se graduó de Doctora en Filosofía y Letras de la Universidad de su ciudad natal y de un Master of Sciences in Human Services (summa cum laude) de Nova University en los EE.UU. Es autora de cuatro bellos poemarios: “Perfumes del mar y mis recuerdos”, “Encuéntrate conmigo en las estrellas”, “El cofre de mis recuerdos” y “Con mis blancas palomas”. Es miembro del PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio,  de Herencia Cultural Cubana y del Comité Ejecutivo de la NACAE (National Association of Cuban-American Educators).

 

 


 

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Doña Taide Echeverría Reguera

Miami, 10 de abril de 2015.

Hoy al despertarme recibí una llamada desde Francia de mi querido amigo Félix José, no me extrañó pues lo hace muy a menudo, pero cuando me dijo para lo que me llamaba, casi me muero de un infarto. Quiere que  le escriba el prólogo de su último libro y… tan pronto como ya. ¿Pero cómo yo?  ¡Yo que jamás he escrito nada! Además, los prólogos de sus libros han sido escritos por:  periodistas, licenciados, poetas, escritores, catedráticos, personas que han sido premiados en las artes y las letras. Yo solo terminé la Secundaria Básica. Pero eso sí, conozco a Félix y a casi toda la familia desde muy temprana edad, por las vueltas que da la vida. Así que escribiré lo que sé, lo mejor que pueda… a ver cómo me queda.

Viví en el mismo barrio que Félix José desde los 5 años, pero no fue como hasta los doce, cuando lo conocí por medio de su hermano Juan Alberto, al empezar en la Secundaria Básica Felipe Poey. Comencé a ir a su casa a estudiar. Del estudio pasamos a ir a las fiestas juntos y Félix nos acompañaba. Salíamos los tres juntos , y me acostumbré a visitar la casa. Ofelia no había tenido hijas, por lo cual  siempre se desvivía conmigo. Si yo me hacía un vestido nuevo, antes de salir a pasear, tenía que pasar por su casa para que ella viera como me quedaba y me diera el visto bueno.

Conocer a Félix José y a su familia, es una de las mejores cosas que me ha pasado en la vida, pues me ofrecieron una segunda familia en el momento en que yo no tenía ninguna.

Siempre que una llegaba a la casa de la calle Soledad # 507, todo era risas, desde que entrabas hasta que te ibas, porque Ofelia cada vez tenía el último chiste. Ella y Amado eran como Lucille Ball y Ricky.

¿Qué puedo contar de Ofelia que no hayan dicho ya? Creo que fue muy feliz en la vida y en su matrimonio. Al menos por lo que yo vi, hizo siempre su voluntad, además, para ello tenía a su amado Amado, valga la redundancia, el que la complacía al pie de la letra, aunque a veces rezongaba. Pero creo que era para darle énfasis al asunto, o para que ella le dijera: “Ay Amadito ven acá mira, es que tú sabes….”  Cuando él se le acercaba, ella le daba un beso y él se iba a cumplir el deseo a su amada Ofelia. Fueron una pareja feliz, como no quedan muchas.

Así Soledad 507 se convirtió en el centro de reunión de numerosos amigos del barrio para: noticias, chistes, anécdotas  y comentarios anticomunistas. Eso fue lo que dio lugar a que cuando Félix José empezó a escribirle las cartas a Ofelia desde Francia, ella se las leía a todos los que iban en busca de las buenas nuevas. Esas cartas se fueron popularizando por el barrio.

Cuando Ofelia fue llamada por Dios en el 1988, Félix se derrumbó en ese tan lejano París. Mi esposo y yo le dimos el consejo de que siguiera escribiéndole a Ofelia, pero poniendo las cartas en Internet. Estábamos seguros de que al igual que en el habanero barrio de Cayo Hueso habían gustado tanto sus cartas, a otras muchas personas les gustarían también. Así lo hizo. Ya ha escrito más de 3, 300 cartas, las que también han sido publicadas en 25 libros. Es una lástima que no haya podido recuperar  las que le había mandado a Ofelia, desde el 1981 cuando logró salir de Cuba, hasta el 1988.

Sin proponérselo, así como grandes pintores han inmortalizado iglesias o personas con sus obras, Félix ha inmortalizado a Ofelia con sus Cartas a Ofelia.

Nosotros partiremos, pero las próximas generaciones cuando lean sus Cartas a Ofelia, disfrutarán  al hacerlo, descubrirán lugares e historias que no conocían y sabrán que esa señora, Ofelia, no fue solo un nombre sino una mujer real, que existió con corazón y alma nobles, siendo plebeya.

 

Taide Echeverría Reguera

 

 

 

 


 

 

París, 10 de noviembre de 2014.14.

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Florita Villar Bahamonde.

A finales de los años sesenta conocí a mi amigo, Félix José Hernández. Y cómo lo conocí, se preguntarán. Pues en una fiesta, en la pista de baile, en el reparto Habana del Este. Félix me invitó a bailar y quedé impresionada porque además de ser un buen periodista y un excelente profesor, Félix es un gran bailador.

Después de la presentación habitual, Félix me dijo que vivía en Centro Habana, nada menos que en Soledad entre Zanja y San José. Descubrimos entonces que éramos vecinos y que no nos conocíamos. Nosotros vivíamos en Cayo Hueso, pero Cayo Hueso no vivía en nosotros.

Todas nuestras actividades sociales y culturales, se desarrollaban fuera del barrio. Sí, conocía a su mamá, Ofelia, pero no a su hijo, quien se convertiría en uno de mis mejores y viejos amigos.

¡Quién no conocía a Ofelia en el barrio de Cayo Hueso!

Aquella señora confeccionaba sus flores en la sala de su casa. Recuerdo verla a través de la ventana, bien vestida, arreglada como si fuera a trabajar a una oficina. Ofelia era una mujer presumida, agradable, en resumen, una gran dama.

No hay que asombrarse de la elegancia y el buen gusto de Félix. En pleno corazón de Cayo Hueso, rodeado de delincuentes, Félix era lo que sigue siendo hoy en París: un hombre elegante, refinado, educado.

¿Quién hubiera podido imaginar, aquella noche en La Habana del Este, que nos reencontraríamos en París?

Después de la salida masiva de muchos de nuestros compatriotas (los llamados marielitos), de los años ochenta por el Puerto del Mariel, conocida como el Éxodo del Mariel, Félix y yo, ya casados respectivamente, nos encontramos desempleados, mal vistos en el barrio o ignorados por los que no

querían comprometerse saludándonos. ¡Éramos gusanos! Sólo nos faltaba la estrella amarilla en el pecho.

Nos seguimos viendo, seguimos conversando sobre nuestras respectivas situaciones personales y sobre todo sobre cómo salir del país. Un buen día Félix me comunicó, que la Embajada de Francia en La Habana, estaba dando algunas visas, allí fuimos mi esposo y yo obtuvimos las nuestras.

 Félix salió de Cuba con su esposa e hijo en 1981. Un mes después, empezaron a  llegar las cartas de Félix a su querida Ofelia; nacen en ese momento Las Cartas a Ofelia. Aquellas misivas eran esperadas por un gran número de personas del barrio y yo era una de los fans de aquellas cartas-crónicas, que venían de Francia. Venían de otro mundo, de un mundo donde la gente tenía proyectos, sueños. De un mundo donde querer viajar, irse a otro país, no significaba ser apátrida.

 Félix le contaba a su madre, a través de este diálogo permanente, el acontecer sociopolítico francés, el  funcionamiento y los códigos de esa nueva sociedad a la cual él y su familia trataban de integrase.

En 1982, reencuentro a mi amigo y familia, en su apartamento de las afueras de París. Tres años después, tuve el honor y el placer de tener a Ofelia sentada en la Catedral de Nuestra Señora de París, en el bautizo de mi hija Romy.

 No es necesario explicar cómo Félix y su familia triunfaron, sencillamente lo lograron. Se hicieron de nuevas relaciones, trabajaron y le dieron una excelente educación y formación a su hijo, viajaron y viajan libremente por el mundo. Después de una gran pesadilla, el réconfort bien merecido.

 De las crónicas de Félix, pues qué puedo añadir que no sepan todos sus amigos y lectores. Félix nos sorprende, nos distrae, nos enriquece intelectualmente. Sus crónicas son una paleta de curiosidades, de experiencias vividas. Con él vamos en un crucero por el Mediterráneo, visitamos los museos europeos, súbitamente estamos en Miami, días después nos encontramos en Camajuaní, su tierra natal, rodeados de todos esos recuerdos y anécdotas familiares, que sólo él sabe compartir con sus amigos. ¡Cuántas experiencias, cuánta cultura, cuánta cubanía!

De todos los libros de Ernest Hemingway, hay uno que siempre ha retenido mi atención, se trata de París era una fiesta, en francés: Paris est une fête.

Las crónicas de mi amigo, Félix, me hacen pensar en este libro porque Las Cartas a Ofelia son una serie de recuentos sobre lugares, ambientes, gentes, encuentros, a la manera de Hemingway. Aún cuando  aborda temas nostálgicos, Félix lo hace con finesa, con elegancia. Hay siempre alegría y optimismo en las crónicas de Félix.

Si ayer fui fan de las Cartas a Ofelia en la calle Soledad, hoy lo sigo siendo, virtualmente, en París.

Gracias, Félix, por tus Cartas a Ofelia, gracias por tu amistad”. Flora Villar Bahamonde.

 

Flora Villar Bahamonde nació en La Habana. Bibliotecaria, trabajó como profesora en la Escuela de auxiliares de bibliotecas escolares en La Habana. Dirigió la biblioteca de la secundaria básica José Antonio Echeverrría, en La Manzana de Gómez en La Habana. Cursó estudios de Biblioteconomía e Información científica en La Universidad  de La Habana. Vive y trabaja como bibliotecaria en París desde 1982.

 


 

¿Qué comentario podría poner que comprenda todo lo que se siente al leer tantas cosas interesantes? Gracias por tenernos actualizados. Gracias por ser amigo de todos los que como usted estamos lejos de nuestro país y queremos saber un poquito de toda la actualidad en Francia ,en Cuba, etc. Saludos de una amiga y lectora.

 

Sumeria Hernández. Francia.


 

 

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Madame Joëlle Fuchs.

París le 14 septembre 2014.

Je n'ai lu qu’une partie des lettres à « Ofelia », mais je suis frappée par la puissance d’observation de Félix tout est objet d’attention, de réflexion… Ses nombreux voyages de part le monde révèle sa soif  de connaître, lui qui était avec sa famille, comme beaucoup de cubains, prisonnier de son île… Île qu’il aime tant et où il rêve de retourner.

Sachant que j’allais faire un séjour à Cuba (en 2001), il m’avait demandé de lui rapporter un peu de la terre de son pays…  « lagarto verde / con ojos de piedra y agua »  et c’est dans la vallée de Viñales, au milieu des champs de tabac que je l'ai ramassée  et mise en bouteille !

Quelle souffrance que celle de l’exilé! J’ai connu Félix en 1983 rue de Saints-Pères à Paris lors d’une session pédagogique – notre conseiller nous l’avait présenté et tout de suite nous l’avions apprécié – Il était passionnant et émouvant avec son charmant accent. Et que de questions nous avons posées !

Nous étions tous et toutes ignorants de certaines réalités. Le conseiller pédagogique nous avait suggéré que, pour l’aider, il vienne dans nos écoles. Il est donc venu dans mon école plusieurs fois, parler de sa vie passée, de la vie à Cuba. Les élèves, intéressés, étaient surpris par certaines de ses phrases : « vous êtes tous riches, vous ici vous êtes riches de la Liberté …»

Et maintenant, depuis peu, Félix tu es à la retraite… mais je sais que tu ne vas pas t’arrêter d’écrire, de réfléchir, de nous faire partager tes joies, tes peines…Tu as une femme courageuse, un fils brillant et deux petits- enfants qui doivent être fiers de toi.

Merci pour ton amitié,

Joëlle Fuchs.

Ancien professeur d’espagnol.

 


 

NNormandie, le 28 mai 2014.

 

Rue des Saints Pères à Paris. Un mercredi de printemps 1983.  Réunion de professeurs, autour d'un poème de Nicolás Guillén : TENGO.


Monsieur Pérez, notre conseiller pédagogique , nous annonce la venue d'un exilé cubain qui allait nous donner quelques explications pour le commentaire de ce poème .


Ainsi, j'ai fait connaissance de Félix, un bel homme élancé, très élégant dans son costume trois pièces bleu gris ...le seul costume qu'il avait emporté , au moment de son départ pour Madrid-Paris ...nous confiera-t-il.

 

Nous voulions tout connaitre : sa vie à Cuba, les raisons de son exil, sa nouvelle existence. Félix était intarissable.  Il parlait vite et nous écoutions avec bonheur son accent si particulier.

 

Cet homme, qui avait tout quitté, qui recommençait à zéro, nous impressionnait prodigieusement !

 

C'est ainsi qu'il est venu dans mon école, parler de son île adorée, commentant de superbes diapositives, devant des élèves subjugués. Puis, il est venu en Normandie, chez moi, avec sa femme Marta et son petit garçon  Giancarlo.  Trouville, Honfleur, Deauville, les plages de Débarquement , tout l'émerveillait.  Que de bons moments passés ensemble!

 

Certains de mes élèves, qui furent interrogés, à l'oral du bac, sur le poème Tengo, eurent une très belle note.  Les examinateurs devaient se demander pourquoi ils en savaient autant!

 

Et, depuis trente ans, Félix envoie des mails et des photos. Son œuvre, Cartas a Ofelia, est une mine de renseignements sur les expositions, le théâtre, la musique, les romans... Et ses récits de voyages, truffés d'anecdotes, sont passionnants.

 

Sa façon de partager ses peines, lors de la disparition d'un être cher, ou sa joie lors d'un anniversaire de mariage, et surtout à l'occasion de la remise d'une récompense , est tellement émouvante...

 

Oui, tu as la LIBERTAD, tu peux t'exprimer, Félix, tu peux partager tes émois ... Tes souvenirs t'emmènent sur des sentiers anciens...

 

« Tengo el gusto de andar por mi país »... dit Juan.

 

TU PAÍS .....

 

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Jeanne Marie Nicolas.

Professeur d'espagnol.



 

 

 

 

“A Orillas del Sena” (Tomo II): Una fiesta y banquete en espera.

Cuando por correo electrónico regularmente recibo correos como es costumbre, llegó a mí en Pdf, la Obra, “A Orillas del Sena” (Tomo II), del Lic. Félix José Hernández Valdés, autor constante de Cartas a Ofelia, en su blog. Profesor y escritor de grandes inquietudes, y de una dimensión carente de fronteras, la que para mí, y en lo que cuenta, ha llegado a convertirse en La Ventana de más Luz, en París.

Logró pues éste  envío, por unos instantes, llevarme a tomar una pausa, de lo que con entusiasmo y amor de abuela, me he dedicado a escribir, por cerca de dos años, haciendo a un lado, obras casi listas a ver luz. Ésta, una pequeña obra de familia, que me atreví a llamar ¡Azul…! La germinación de la Semilla del próximo Árbol y la próxima Flor.

Libro dedicado a mi nieto, donde abarca el tema desde cuando él mismo escogió, quién iría a ser su mamá. Ya que en un momento de amor y éxtasis, de los que irían a ser sus abuelos, y en el preciso instante de la concepción, el niño logró infiltrarse, en la que ya había escogido como mamá, para un futuro.

Comportamiento que luego de haber estado dormido en el ser de su madre por un período de años; y con su mamá convertida en mujer, y hecha toda una profesional, el niño despierta de su sueño, queriendo venir al mundo real, para también él llegar a ser persona de este mundo. Así, que el niño se dedica sin su mamá llegar a enterarse de su existencia como también de sus propósitos, a emprender la búsqueda del ser que quiere como papá. Finalmente logra su objetivo; donde, de ahí en adelante, toma la identidad y comportamiento de Cupido, entre sus padres, orquestándoles el amor. A decir verdad mi nieto y yo, hemos hecho toda clase de travesuras, desde antes de cobrar vida, y luego de su nacimiento, hasta alcanzar su primer año de evolución y crecimiento.

Como lo mencionara anteriormente, mi pausa fue un suspenso colmado de inquietudes, al querer de una buena vez, devorar más de las 500 páginas de la obra colmada de arte, historia, viajes y enseñanzas, amén de tres idiomas: Español, Francés e, Italiano.

Como tengo conciencia de la esencia intelectual, del Lic. Hernández, me dispuse con gran sentimiento y pena, aceptar la disciplina, y aplazar mis momentos de euforia, fiesta y banquete. Ya que sus obras, y más ésta, invitan al afortunado lector no solo a disfrutar de las letras que, acompañadas van por un desfile de fotografías, que dan cuenta de las enseñanzas del maestro. También te invitan a viajar con el escritor, escuchando y deleitándote al mismo tiempo.

Podrán pues ver, que la disciplina del escritor ganó; ya que debía continuar la tarea en que repito, he estado trabajando a la par con el pequeño. Ya que estoy arribando al final del libro, cerrando etapas y círculos.

Debo confesar, que me he vuelto una niña un tanto alocada; escribiendo, gozando y creciendo a la par con mi nieto. Todo en medio de un torrencial de emociones preñadas de sueños e ilusiones, ya que hace 23 años, por vez primera, supe que había ganado el título de abuela, cuando aprisioné entre mis brazos, el fruto de una de mis hijas, una hermosa y picaresca, Estrella. Y, ahora, y como para confirmarlo he recibido como regalo del cielo, y por supuesto de mi hijo, un resplandeciente Lucero.

Ahí fue, donde me desboqué a escribir, sumado a la sorpresa de que no he sido yo sola la que escribo, no; también el pequeño querubín, me ha seguido el juego, aún desde antes de su nacimiento. Así que para concluir comparto uno de mis sentimientos con éste pensamiento, salido desde mi otro yo:

 

Recuerda que tú eres el escultor de la más hermosa obra:

“Tus hijos, tus nietos” Y, que antes de ser padres, o, abuelos, también fuimos unos niños. Cuidemos pues de no dañar tanta belleza.”

 

Pido pues al Lic. Hernández y al lector, la gracia del perdón; y que comprendan mi razón valedera de posponer mi fiesta y banquete. ¡Felicitaciones…! Ya que vamos escalando la empinada, para no descender; sino, continuar la marcha hasta llegar a la cúspide, que es donde el autor de esta obra ha ido llegando. No tan fácilmente, se llega a la 22ª edición; ya que quien escribe, sabe la ardua, y responsable tarea que escribir implica para ser leído. Gracias por comprenderme.

 

Cordialmente,

 

Martha Salazar Quintero

Union City, New Jersey. USA. Enero 25, 2014

 

 

 


 

 

París, 10 de enero de 2014.

Al leer Desde las orillas del Sena, pensé inmediatamente en Federico García Lorca y la famosa escena del Cante Jondo, en la cual el teniente coronel de la Guardia Civil le pregunta al gitano dónde estaba y qué hacía antes de que le detuviesen :

« Teniente coronel

¿Dónde estabas?

 

Gitan

En el puente de los ríos.

 

Teniente coronel

Pero, ¿de qué ríos?

 

Gitan

De todos los ríos.

Teniente coronel

¿Y qué hacías allí?

 

Gitan

Una torre de canela »

 

Igual que el gitano-poeta de Federico García Lorca, Félix José vive en el puente de todos los ríos y escribe desde las orillas de todos los mares del mundo. Su exilio le llevó a embarcar y desembarcar, a recorrer caminos sin fin y a emprender viajes agotadores o exaltantes. Desde las orillas de un pasado aún hiriente y de un futuro siempre urgente, él también va construyendo su propia torre de canela, una torre que huele a libertad y alivio : sus crónicas, sus Cartas a Ofelia.

Si a veces deja las orillas del Sena, es para alcanzar otras orillas, otras costas, otras historias, otros pasados, otras formas de vivir, hablar, comer, reír y ver el mundo. De ahí que las numerosas escalas del Costa Mágica de sus cruceros nunca sean meras paradas turísticas : les permiten saborear  cosas nuevas, inéditas y sorprendentes que a lo mejor encierran algo conocido, imperceptiblemente familiar  que se quedó allí, en su pasado íntimo y vedado. "Je dis: une fleur! et, hors de l'oubli où ma voix relègue aucun contour, en tant que quelque chose d'autre que les calice sus, musicalement se lève, idée même et suave, l'absente de tous bouquets." Al nombrar las cosas, al verlas y escribirlas, Félix José las salva del olvido y de la tragedia de la ausencia.

Félix José Hernández es mi colega. Tuve la suerte de compartir con él inolvidables momentos en la institución escolar donde ambos damos clases de castellano. Durante aquellos seis años de complicidad, me habló mucho de su concepción de la libertad – una libertad entera, firme e intocable, del dolor del destierro – algo que mis propios abuelos vivieron después de la Guerra Civil española -  y de su ansia por viajar, ver cosas y compartirlas con la gente.

En todas sus crónicas, aparece, en filigrana, su obsesión por la libertad. Ahora, él es un ser libre. Por eso se expresa aquí en tres idiomas (castellano, francés, italiano), por eso viaja por Italia, Grecia, España, Europa del Este… y comenta las múltiples formas artísticas, sean provocadoras o clásicas, de las muestras del mundo entero.

« Vivir para ver »… O mejor dicho : «  ver para vivir », en el caso de Félix José. Vivir a orillas del pasado y del presente. Esta  orilla, frágil e inquebrantable a la vez, creo que el autor de este libro le dio un nombre : la memoria de las cosas que siempre quedan por venir.

Georgia Fribourg  tiene 35 años. Es normaliana, profesora  « agrégée » de castellano. Fue pluma del ex presidente del Senado y periodista en el programa cultural Biblioteca Médicis.


 

Zaragoza, 4 de noviembre de 2013.

Somos los maños del Crucero por el Adriático, ya quedamos entusiasmados de todo lo que nos contabas de tus vivencias, pero jamás podíamos imaginar que fueran tan tristes y a la vez tan maravillosas, si encima lees parte, pues aun no hemos tenido tiempo de leer todas las cartas a Ofelia, quedamos impresionados, sin saber con que tan gran personaje hemos estado de Crucero. Estamos seguros de que todo esto no lo hubieras conseguido sin la compañía de Marta, pues tienes una mujer encantadora a tu lado. Nosotros solo te podemos decir ánimo, pues desde que hicimos el Crucero nos consideramos amigos vuestros.

Muchos recuerdos para ambos y seguiremos leyendo todo lo escrito.

Maricruz y Pascual

 


 

 San Juan, 20 de julio de 2013.

Es una fortuna tener un amigo como Félix José Hernández Valdés, ya que él siempre se empeña en que sus amistades trasciendan en la historia de su existencia, cuando te ofrece su amistad quedas involucrado inmediatamente entre su familia, su profesión, sus incontables viajes que lo nutren de historia y una inconmensurable cultura, así como en su incansable denuncia por la tiranía castrista, la más larga y triste de Hispanoamérica.

¡Cuba, tierra donde nació mi amigo! ¡Cuba tierra de su virtuosa prole familiar, la tierra de sus padres Doña Ofelia y Don Amado! de su recordado Camajuaní, terruño de su linaje que recrea en sus crónicas narrativas con ansias de una patria soberana, próspera y democrática. Benditos sueños los de mi amigo, sueños de todos los que como él tenemos esa quimera.

Desde su bendecida orbe parisina, la cual le dio refugio junto a su familia e ímpetu a sus alas literarias para escribir sobre los ayeres de su vida y su presente luminario, nos hace llegar la denuncia que hace ante el mundo,  del dolor y las injusticias que sufre nuestro pueblo,  sometido por la opresión de una dictadura comunista, que trastocó la vida, los derechos y la libertad de la nación cubana, desde hace más de medio siglo hasta la actualidad.

Conocí a mi amigo Félix en mi juventud, tenía entonces yo veinte años y fui a trabajar a la misma escuela donde él era Profesor de Geografía, en la ciudad de La Habana. Me llamó la atención inmediatamente, lo educado y elegante que se veía. Sus clases eran como un viaje real-imaginario a través del mapamundi, con vívidas ilustraciones del lugar, mediante láminas y fotografías.  Todos los estudiantes y profesores comentaban cuando pasaba por nuestro lado: “ese profesor sabe mucho”,  “nos gusta como enseña”,  “es muy bueno en su desempeño”, “es un hombre maravilloso”.  También era traductor e intérprete del idioma italiano y trabajaba para grupos de italianos que visitaban a Cuba en esa época. Así fue como lo conocí, siempre culto y muy profesional, por lo que nació una maravillosa amistad que ni el tiempo, ni la separación pudieron opacar. Unos quince años después de él haberse exiliado, me llegó la hora de partir de Cuba,  le pedí ayuda; inmediatamente me la ofreció y sentí de su parte aquella misma emoción que habíamos experimentado cuando él logró exiliarse junto a su esposa e hijo.

¡Excelente colega! ¡Excelente ser humano! Excelente cumplidor de sus responsabilidades, discreto, respetuoso, alegre, elegante, optimista, inmejorable hijo y hermano, excelentísimo esposo y padre, él fue oasis, en aquellos tiempos históricos tan difíciles, llenos de tensiones políticas, de caos económico y del futuro incierto que previó para su recién creada familia, así fue creciendo nuestra amistad. Conocí de esa época dura y triste que le tocó soportar cuando decidió salir de aquel infierno comunista y el cruel tiempo de espera que tuvo que vivir; cuando me dio la noticia de su salida definitiva del país, sentí una inmensa alegría,  lo consideré un regalo de Dios muy bien merecido. Yo estaba segura de que adonde llegara, daría honor al país que lo recibiera, por sus sólidos valores cristianos, culturales y humanos. Fue una merecida visa a la libertad que le concedió el Gobierno de Francia, su querida Francia, su adorado París.

Mi hermana Maribel, su esposo Raúl y mi sobrino Raulito establecieron amistad con él, ya en el exilio y son como su  familia aquí en Puerto Rico, lo tratan como de la realeza francesa cuando viene a Borinquen, hermosa isla del Caribe, porque así han sido tratados ellos en París, como realeza caribeña. 

Bendecido siempre sea mi amigo y su amada familia, hoy ya extendida en su amada Francia y Dios cuide de él para que siga nutriéndonos con su amistad, su cultura, sus nuevas experiencias, sus anhelos de una nueva Cuba y de su aporte a la causa cubana.

Mi buen amigo, nuestro gran amigo, el maravilloso amigo que multiplica su amistad más que las tres docenas de puentes que tiene el Sena en París,  así es Félix. Le doy las gracias por solicitarme que escribiera un prólogo  para su libro crónicas “Desde las orillas del Sena”. Gracias a él he conocido más sobre este importante río donde la ciudad tuvo sus inicios y de cómo fue desarrollándose en torno a sus riberas a través de los siglos, de la evolución de su historia, sobre los edificios y monumentos más importantes de esa hermosa ciudad donde reside, recreándolo perfectamente en su narrativa. Cuando leo o escucho cualquier noticia de Francia, su imagen llega al instante.

Mi esposo Tony y mi hija Jenny lo admiran grandemente y mi hijo Fernandito se llevó consigo al cielo esta meritoria amistad, siempre se lo hizo saber en vida. Es un honor para nosotros que entre su gente querida, que hoy descansan en paz, esté mi hijo. Nuestra gratitud por siempre amigo mío, amigo nuestro.

Un fuerte abrazo de nuestra parte desde tu también Puerto Rico del alma.

Tus amigos: Neri Moya, José Antonio Más y nuestros hijos Jenny Fernandito (EPD).

 


 

Pro. Félix J. Hernández Valdés

 

Al leer el hermoso, y más justo de los Prólogos, como ha sabido ser el escrito para, "Cartas desde París" Tomo II, (Serie Cartas a Ofelia), de Félix J. Hernández Valdés, me identifico plenamente, con la forma intensa, de la escritora, Maribel Pérez Moya, con su forma sencilla, elocuente, y elegante, al describir cada una de las cualidades, y personalidad que adornan al autor de la obra, como profesor, periodista, historiador, y escritor.  

Me expreso de tal manera, puesto que, a mí suele invadirme de igual forma, no solo el pensamiento, sino también el sentimiento, cada vez que tengo el privilegio de abrir mi correo, para disfrutar leyendo, y viviendo, cada uno de los apartes, y crónicas, de los libros del profesor Hernández.

A decir verdad, desde la intimidad de mi hogar, recorro en forma familiar, junto a él y su esposa Marta, a quienes tengo el privilegio de conocer a través de la distancia, y letras del escritor. Disfruto de sus viajes, en forma plena; como también, siento y creo escuchar su voz de profesor dictando cátedras. Ya que Félix J. Hernández, tiene la habilidad de conjugar la palabra escrita, bajo el "Arte del pincel", como "el más renombrado de los pintores, de toda época "Para mí en lo personal, los libros de Félix, son las más elocuentes canvas.  

Debo aquí, no sólo felicitar al autor de las obra, sino también, a la joven autora del Prólogo, quien tuvo la destreza de proyectar la imagen del autor de la obra, como el más hablado retrato.

 

Sinceramente,

 Martha Salazar Quintero.

Union City, N.J. Julio 28 de 2013

 


 

Miami, 10 de julio de 2013.

Me ha conmovido la historia de la Madre Dinorah Carmelita Descalza en La Habana. El mismo día que falleció, llegaron seis  monjas de México para apoyar y cuidar de las nueve monjas que quedaban en Cuba,  de las cuales casi cinco pasan la tercera edad.

Leer: Misionarán a Cuba Monjas Carmelitas de Yucatán, México (abril-2013).

Las madres tienen un criadero de gallinas dentro del convento para poder sobrevivir, el cual está en muy mal estado. Fue construido  en 1927.

Desde Miami se les está mandando comida, medicinas y artículos de aseo personal. Ayudemos a estas monjas y este monasterio recinto de paz y amor para Cuba que tanto lo necesita.

Como decía Santa Teresa de Jesús:  “Nada te turbe y nada te espante. Alabado sea Jesucristo”. Amén.

 Dirección: Convento de las Carmelitas Descalzas. Calle 13 # 1251 entre 20 y 22. Vedado. Ciudad de La Habana. Cuba. Teléfono: 011-53-7-832-1951.

Fernando Suárez


 

Miami, 25 de mayo de 2013.

Taide Rodríguez.

Hacía mucho que no entraba en tu página, por los motivos personales que ya tú sabes, y siempre me maravillo, pues cada vez está mejor y más bonita. Tus libros, con sus narraciones y comentarios maravillosos, envuelven al lector en un viaje sin fin por otras tierras desconocidas o por situaciones simpáticas o de mucho interés. Me encantaron tus fotos, creo que la última vez que entré no las tenías. Que pena que Soledad #507 esté tan diferente de lo que recordamos de ella, pero si dicen que una persona no muere mientras alguien la recuerde, creo que lo mismo ha de pasar con los lugares. Tu casa seguirá ahí mientras los que la conocimos la recordemos como era… ¿No? Felicidades por tus éxitos presentes y futuros, porque sé que vendrán muchos más. Tu amiga de siempre, Taide

 


 

San Juan, 19 de mayo de 2013

 

No tuve la dicha de conocer en persona a la Sra. Ofelia Valdés Ríos, esa distinguida dama y gran madre de la que todos hablan; pero me permitió, allá por el 1975, conocer a su hijo, Félix José Hernández, joven fino, elegante, del que cualquier señorita se enamoraría y desearía que le pretendiera con ese porte de Lord inglés; siempre pulcro, y perfumado en aquella Cuba en decadencia; pero él sólo tenía ojos para Marta Fernández Sardiñas: El amor de su vida. Admiro en él el amor y respeto con el que habla de su madre, a tal punto que ya me creo que yo también estuve en la calle Soledad # 507, entre Zanja y San José, Centro Habana, Cuba, en la misma sala de la casa de Ofelia, compartiendo con ella y toda su hermosa familia. Conocí a Félix mientras era Profesor en la Ciudad de la Habana, en la misma institución que mi hermana Nery Moya. Ellos eran grandes amigos y me deleitaba ante las tertulias entre los dos. Me di cuenta desde la primera vez que lo escuché, que estaba en presencia de algo así como una enciclopedia viviente. Después de muchos años, ya en el exilio, mi hermana estableció contacto, para que mi esposo, mi hijo y yo, en uno de nuestros viajes, lo visitáramos a él junto a su familia, en esa hermosa ciudad que es París. Desde ahí nació una hermosa amistad entre nosotros. Me maravilla el ímpetu que pone al mostrarle la ciudad a cualquier persona, como si fuera la primera vez para él. Claro, bajo una condición: que el mayor interés sea depositado en la cultura y no en las compras. Siempre que se le visite no permite respirar, porque continuamente tendrá algo nuevo para mostrar en ese país tan maravilloso. Es genial ir a los museos o a cualquier punto de interés con él, porque conoce justo el mejor punto de entrada y así ahorramos largas filas. Mi familia y yo hemos viajado bastante y les juro que el mejor guía de turismo que hemos tenido se llama Félix José Hernández, ya que es quien mejor muestra y explica todo, sin que se le escape algún detalle. En algunas regiones de EE.UU. no estamos acostumbrados a caminar grandes distancias, porque vamos a casi todas partes en automóvil, unas veces por vagancia y otras por seguridad. El primer día que salimos a pasear con Félix, caminaba muy rápido y yo por tal de no quedar menos, corrí hasta más no poder detrás de él. Cuando regresamos al hotel, tuve que sumergirme en agua caliente dentro de la bañera, tomar un relajante muscular y recibir un suave masaje de mi esposo, para poder dormir. Concilié el sueño mientras rogaba para que lloviera y así no tendríamos que salir con él y podría irme de compras; ¡pero qué equivocada estaba!: Al amanecer, con tremendo frío, nos esperaba en el lobby como todo un gentleman. Tragué en seco, desayunamos y… ¡a la calle otra vez! Nos dio otra dosis elevada de cultura y a partir de ese día, hasta que marchamos a Italia, nosotros éramos los primeros en llegar al punto de encuentro acordado; nos mantenía en pie la curiosidad por lo que nos iba a mostrar. Después de esa primera visita a Francia, hemos realizado muchas más; pero tomo la precaución de entrenar dos meses antes, como si fuera para las Olimpiadas y así me retraso menos. Es importante tener en cuenta que hay que prestar mucha atención a todo lo que él explique; si no entiende: ¡pregunte!; porque cuando se terminan las visitas, invita a sentarse cómodamente en una terraza parisina a beber un café y como todo buen Profesor de Humanidades que es, hará un examen sobre todo lo que explicó. Si yo viviera en una ciudad como París, me sentiría igual de orgullosa que los franceses, porque desde que vas a cruzar la calle o avenida que menos te imaginas, puedes leer placas que identifican que allí vivió Víctor Hugo o cualquier otro renombrado artista. Jardines de Versalles, Museo El Louvre, Museo D’Orsay, Los Inválidos, La Ópera, El barrio de Montmartre, el de Montparnasse, La Catedral Notre Dame, El Arco de Triunfo, Los Campos Elíseos, cenar en La Torre Eiffel, pasear por el Sena en un barco, mientras cae la tarde. En fin, junto a Félix, nunca se descansa, a pesar de todo lo que sabe, le gusta que todos sean partícipes de lo que él puede disfrutar a menudo. Se inició en la escritura sin pensar en premios literarios, lo cual hace que sea ingenioso y natural en su prosa a la hora de presentarnos sus viajes o sus recuerdos y las experiencias que ha adquirido. Posee una vasta cultura. Sin dudas tiene que escribir para vaciar su mente. Él no pregunta, va al lugar y conoce por sí mismo; luego opina. Sabe buscar inspiración en los lugares más recónditos; cualquier cosa lo inspira. Cuando nos informamos en sus crónicas sobre determinado país, ciudad, iglesia, monumento, pintura, literatura o visitamos en persona cualquier lugar que él describe, lo que inicialmente nos resultó quizás insignificante, nos damos cuenta inmediatamente que allí hay un gran valor ya sea histórico, religioso, literario, cultural, etc. No se guarda para sí todo lo que aprende, al contrario, lo comparte con todos. Yo lo veo como un gran Buró de Turismo. Siempre que vamos a viajar, me comunico con él y le consulto qué debemos visitar; jamás ha fallado. Cuando viajo he llegado a lugares donde me parece que ya he estado, al observar detenidamente, me doy cuenta entonces que leí una crónica escrita por Félix antes de llegar al lugar. Félix tenía un gran sueño: Ser libre y vivir sin temores; encontró su camino al exiliarse en Francia. Ama la libertad a plenitud. En sus geniales crónicas, combinando magistralmente el lugar que nos describe, evoca perfectamente la belleza de nuestra Cuba antes del 1959, a través del pueblo de Camajuaní, las calles habaneras, el Tennis Club, el Paseo del Prado, etc.; así como una crítica perenne al régimen castrista, para que el mundo no olvide que todavía en América existe un país que anhela vivir democráticamente. En los más de cincuenta y seis países que ha visitado, sabe adaptarse a lo que se le presenta, busca más allá de los lugares privilegiados. Le desagrada todo lo banal. En cierta ocasión que visitó, junto a su esposa, la hermosa isla caribeña de Puerto Rico, donde resido; los llevé, temprano en la mañana, hasta la hermosa zona colonial, patrimonio de la humanidad: El Viejo San Juan y los dejé allí para que libremente ellos experimentaran y disfrutaran del día. Les mostré en el mapa que todas las áreas eran seguras, menos un barrio, que está fuera de las Murallas y les advertí que no debían entrar, debido a la fuerza que tiene ahí la delincuencia y ¿qué creen? ; fue el primer lugar hasta donde arrastró a Marta. Cuando regresé por la tarde a recogerlos, me narró feliz, cómo entró, entrevistó a personas y se sentó en la sala de la casa de una Sra., la cual los invitó amablemente con toda la sencillez del mundo, a compartir un delicioso café boricua. Yo quedé anonadada. Cuando recibo alguna de sus crónicas la abro expectante como una novia, esperando carta de su amado, cuando te metes en ellas, puedes leer su elegancia, es su voz, es como si él estuviera hablando en persona y cuando termino la releo hasta quedar repleta de la historia, cultura, etc., de ese lugar. No es necesario ver fotos hechas con cámaras; la magia de sus palabras te hace sentir junto a él y Marta, sin estar ahí. Te envuelve de tal manera en sus intensas narraciones que no puedes parar de leer y cuando terminas, te provoca ansiedad porque Félix viaje y escriba su habitual carta a Ofelia. Cuando quiera Ud. viajar lejos, sin moverse del lugar donde se encuentre, le invito a que lea sus crónicas. Cuando el famoso escritor español Camilo José Cela (1916-2002), dijo estas famosas palabras: “La más noble función de un escritor es dar testimonio, como acta notarial y como fiel cronista, del tiempo que le ha tocado vivir”. Sin saberlo se estaba refiriendo a este excelente Periodista que tenemos en Félix José. Maribel Pérez Moya, nació el 29 de enero de 1957, en la provincia de Las Villas, Cuba. Es Licenciada en Educación, con concentración en Lengua española y Literatura general, en La Habana, Cuba. Ha realizado estudios humanísticos en la Universidad de Alcalá de Henares, Madrid, España. Actualmente es Profesora de Bachillerato en el Colegio Nuestra Señora de La Piedad, en San Juan de Puerto Rico, donde reside junto a su esposo e hijo, desde que se exiliaron en 1985.

 

Maribel Pérez Moya   

San Juan 19 de Mayo de 2013


 

 

 

New Jersey, 15 de Marzo de 2013.

        Como punto de partida en tarea que me honra, quiero compartir una frase que escuché no sé de dónde, mucho tiempo atrás, pero que logró calar hondo en mí. Simplemente decía: “Siente el pensamiento, piensa el sentimiento”. Bien; con esta frase, deseo acercarme al autor de esta obra de Cartas a Ofelia. Te escribo desde fuera de París,  por Félix José Hernández Valdés. Como también al lector. Ya que deseo hacer entrega de lo más recóndito, e íntimo de mi pensamiento: “Sin ser abogado, siempre me está llamando ‘El Derecho en La Filosofía del Arte’, en cuanto lo equitativo y lo justo hacia las personas, las cosas, y las acciones. “Trilogía que me conduce de la mano hacia la amistad, el arte en toda la extensión de la palabra, y hacia El Maestro, en su apostolado de enseñanza.”

Para mí, y en lo personal, éste es el “Huerto donde se cultivan las más hermosas flores, que crecen entre la sencillez y fragancia que saben dar la albahaca, la yerbabuena, y el romero”.  De éste Huerto, citaré algunos de ellos. Pero dado que el espacio apremia, serán comentarios cortos: Eduardo J. Couture (1909-1956), Docente uruguayo en Derecho, y Contribuyente a las Jornadas Del Colegio De Abogados del Estado de Falcón, ²a etapa. Coro, Septiembre de 1956, N°. 8 (pp.17 a 52)  Los Mandamientos de Couture, son una decena de reglas de oro, como bien lo dice en el escrito. Por lo citado acerca de “espacio”, anteriormente, me limitaré a enunciar cada una de las palabras claves, en esta regla de oro: Estudia, Piensa, Trabaja, Deber y Lucha por la Justicia, Sé Leal, Tolera, Ten Paciencia, Ten Fe, Olvida, Ama a tu Profesión. Reglas que se pueden ver en (Los Mandamientos Del Abogado. Ediciones Depalma, Buenos Aires, 1976 (pp.16 y 17) Igualmente que en, (La Poesía Y El Derecho. Academia Nacional de la Historia. Caracas, 1983 Impreso en Venezuela por Italgráfica, S.R.I. (pp. 155-156)_ Continuando con. Paul P. Harris (1868-1947)Abogado de Racine, Wisconsin, quien “Lanza desde Chicago la semilla que ha germinado en el surco del universo, se trata de Rótary, un puente de amistad, de concordia, de paz, de mutua y sincera comprensión, tendido entre los hombres y los pueblos, sin distingos raciales, políticos, ni religiosos. Las Legiones de rotarios en el globo…” También, se encuentra en el mismo libro de La Poesía Y El Derecho (pp.148-149…). Paul P. Harris, el padre de Rótary International, idealista con mucho de poeta, escribió: “Rótary cree en el hombre por sus merecimientos personales y trabaja porque, ahora o mañana, pronto o tarde, el hombre sea amigo del hombre” Podría continuar con un desfile interminable que ocupan su puesto en este Huerto, pero nuestro enemigo -tiempo y espacio, llaman a cerrar con un pensamiento de Francesco Carnelutti.(Udine, 15 de mayo- Milán, 1965) Abogado y Jurista italiano, quien decía que: “El arte, como el derecho, sirve para ordenar el mundo. El derecho, como el arte, tiende un puente desde el pasado hacia el futuro.”

¡Hoy! Y como parte del futuro, llegó a este Huerto, el licenciado Félix José Hernández Valdés. Era un 21 de febrero de 1949, en la Isla de Cuba, en el hogar de la señora Ofelia Valdés Rùios, cuando sonó un llanto anunciando nacimiento. Y, ¿qué mejor jardinera pudo haber tenido el agraciado chiquillo que Ofelia, prodigándole todo el amor y cuidados que solo una madre sabe brindar? Ella; quien con su amor materno, supo inculcar todos los “valores”, con que hoy ya crecido, sorprende al mundo del lector desde una de las ventanas de La Ciudad Luz. El licenciado Hernández Valdés, que sin llegar tal vez a imaginar desde el exilio y en su afán de hijo ausente, comenzó un epistolario donde daba cuenta a su progenitora de todos los pormenores de su vida.  

Este mi querido lector, fue el comienzo maravilloso de Cartas a mi querida Ofelia, desde París. Que hoy por hoy llega a la 19ava edición. Correo del que todos tenemos el privilegio de disfrutar por medio de la lectura, y un ¡pasaporte universal libre! que transporta hasta el más allá…“Libertad de palabra, Libertad de Expresión.”  

El licenciado Hernández Valdés, tiene la capacidad no sólo del políglota (español, francés, e italiano). Sino que también con su cualidad polifacética, tiene la habilidad de vestir su mente, y por ende la del lector, con toda clase de ajuares: Arte, en toda extensión y gama: historiador, amigo, periodista, escritor, ensayista, poeta, y muchos otros atributos como hombre humano y sencillo, que desconoce en su léxico, lo que es el egoísmo, ya que él, sabe compartir y departir de una manera contertuliana,como buen profesor y letrado, que desconoce barreras y distancias. Ya que en una narrativa pintoresca y de lección, lleva al lector consigo en sus viajes de deleite, y culturalización. De igual manera, que sus éxitos. no son sólo suyos, ya que el lector llega a vivirlos con la misma emoción, como si fuesen suyos, dado el pasaporte universal con sello de sensatez, sensibilidad, sencillez y conocimientos que El Maestro sabe impartir. Regalías que, el lector goza desde la intimidad del hogar.  

Algo que sabe asombrarme, es que el licenciado, hace una entrega solemne de sus sentimientos, permitiendo al lector, llegar hasta su “Zona Sagrada”: Los rincones de su alma, cuando en sus memorias, también viste a su lector con sus ajuares de infancia, de hijo, de amigo, de patria, de exiliado, y mucho más, que sólo sabe plasmar su pluma. 

A mi manera de ver, y en palabras simples, el Licenciado, Hernández Valdés, encaja en las personalidades de quienes ocupan un lugar en el “Huerto”, ya que dados sus propios méritos, él ha entrado por sí solo a ocupar su puesto, amén de tantos otros que he tenido que dejar en las sombras de este hermoso jardín. Debo confesar que leyendo Cartas a Ofelia, me ha llevado a tejer el más preciado gobelino. Ya que acoge y enfila todas las fibras, donde no pueden faltar hilos de plata y oro, los que forman un “nimbo”, empotrado en ¡La Ciudad Luz!  

Ha sido para mí, motivo encomiable el tratar de encuadrar tanta luz, irradiando la multiplicidad del Licenciado, Félix José Hernández Valdés. De quien espero todos sus lectores, continuemos recorriendo los caminos de sus Letras y Arte, en las inquietudes del ¡Maestro!  Martha Salazar Quintero

 

Martha Salazar Quintero-Fernández- Nació en Santiago de Cali Colombia._Grados: 1975 - Técnicas de Enseñanza: Psicología, y Comunicación, Certificación en Co-op, Centro Nacional de Aprendizaje. “SENA” (Bucaramanga) -Finales de 1975 ingresa, E.U. como Residente, luego de 5 años obtiene su Ciudadania de EE. UU. - 1981, Obtiene Bachellor in Arts, Kean-College. Union, N.J., - 1982, atiende Diseño en Fashion Institute of. Technology New.York. Trabajo: Instructora Nacional e Internacional: Centro Técnico de Enseñanza “CETECOL” y “SENA”.- USA: Instructora, en Adult Learning Center Community College, Hackensack, N.J.(enseñanza de adaptación al nuevo sistema estadounidense de grupos profesionales, Rusos) - Instructora en diseño y manejo de maquinaria industrial en Union City Board.of Educacion, para (grupo cubano del Mariel) - .Pinta al óleo, paisajista, - Gusta escribir entre novela, cuentos, ensayos, poesías (10 0bras inéditas). Reconocimientos: Por logros de enseñanza y servicios comunitarios, recibe la llaves de la ciudad de Armenia y pergamino de honor.- Diplona honoris causa en Cosmetología y Belleza, de la Academia Internacional de Tunja, Colombia. Asociasociones: Hermandades del Trabajo, Barranquilla, Colombia, Circulo de Cultura Panamericano. “CCP” Capitulo de New Jersey, Frente De Afirmación Hispanista, A.C. México, Club Cultural de Miami “Atenea”, Instituto de Cultura Peruana “ICP” Miami.


Representa una inefable distinción - que mucho me honra - que el escritor y periodista Félix José Hernández Valdés, (Premio Internacional de Periodismo 2012, del Colegio Nacional de Periodistas de Cuba (en el exilio) - al cual él honra con su membresía, me hiciera acreedor del privilegio de poder prologar este nuevo libro suyo (el décimo séptimo que publica) intitulado Cartas desde París, donde como en los anteriores suyos, aparecen como trasfondo temático, sus ya tan famosas “Cartas a Ofelia”  que, como es sabido, están dedicados –a su querida madre.

 

Y así recibo, con los brazos abiertos, la mayéstica eclosión en el ámbito literario, de esta nueva gema extraída del joyel intelectual de este ilustre cubano, que tan alto ha sabido poner el nombre de su patria no sólo en tierras galas sino también en todo el mundo de habla hispana y no hispana.

 

Porque sin lugar a dudas, que este libro, por su variada exposición temática, viene a robustecer con su valioso aporte ilustrativo (enmarcado en las empíricas vivencias cotidianas del autor), esa savia cultural de la que siempre se ha nutrido la erudición humana.

 

Ya que nos llega también, ataviado por las más policromas galas descriptivas, donde se entrelazan lo artístico y lo histórico, en el ¡ya tan conocido! – estilo epistolario de Félix José, diademado por cierto halo anecdótico, donde en una caleidoscópica amalgama de atisbos insospechables, nos ofrece un desfile teórico de los más disímiles temas.

 

Escrito en tres idiomas: español, francés e italiano (con la matizada peculiaridad, de que cada Crónica escrita, en cualquiera de esta tres lenguas, sólo aparece en una, lo que, incuestionablemente, lo dota con cierta políglota jerarquía, que torna su estilo de escribir en algo que casi raya en lo ‘sui géneris’, estas Cartas desde París logran un perfecto equilibrio armonioso, muy a pesar de su variedad temática.

 

Y es que en él sus páginas, el teatro, la pintura, la música, la historia, los museos, la poesía y la danza, se proyectan, en su más magnificente exposición, a través de una óptica, donde lo informativo se mezcla con lo emocional, como en una apoteosis de luz intelectiva, que viaja hasta la pupila del lector, para estallar hecha mensaje, con las más iridiscentes imágenes.

 

Porque él nos lleva de la mano al mundo alucinante de la expresión artística (en sus más diversas manifestaciones) y en igual sentido, lo mismo al centro neurálgico de la convulsionada Historia de Cuba, (con sus más recientes e interesantes capítulos), que a la prístina e ignota raíz de los más extraños rituales ancestrales de exóticas culturas, a través de una detallada narración que nos satura el espíritu con la efluvios esenciales de un conocimiento indispensable, para entender mejor el mundo que nos rodea.

 

Por eso, le advertimos al lector, que antes de comenzar a leerlo, estrene su más suntuoso traje, porque será como si entrara a un escolástico cenáculo, donde sólo le espera la concreción de todo lo bello, magistralmente traducido en palabras

 

Y para concluir, acuciado por la brevedad del espacio de que dispongo, me atrevo a decir, a modo de corolario:

“bienvenido sea este nuevo libro tuyo, Félix José, ya que sólo incienso y mirra perfumarán su tránsito hacia su destino de gloria.

¡Y adelante los dos!

Que si la Gloria inmortaliza a los hombres – y yo así lo creo – sus olímpicos laureles, esperan por ti, con este nuevo libro debajo del brazo, para coronar la frente del patriota, del escritor, del periodista y del gran cubano que habitan en ti.  Sergio Galán Pino.

 

 

Sergio Galán Pino, es un destacado poeta cubano que llegó al exilio en 1980. En 1984 publicó un libro-testimonio:  “La Embajada de Perú: Un salto hacia la libertad”, que fue  presentado, a modo de denuncia, ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos (O.E.A.) por el Dr. Claudio Benedí, representante de la Junta Patriótica Cubana ante ese organismo internacional.

Hombre culto, carismático y gran orador, ha obtenido 18 prestigiosos premios literarios en poesía y artículos periodísticos. Es miembro, casi desde su llegada a los EE.UU., del Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio y ha trabajado como tal en varios órganos de prensa locales. Sus versos han aparecido en numerosos periódicos y revistas, así como en varias antologías poéticas.

 


 

¡Amigo!
No te había manifestado lo atractiva que está tu página. Invita a leerlo todo y no cabe duda de que atrapas por la solapa a los lectores en cada artículo, en cada sugerencia, en cada reflexión. De veras, ¡siento tanto que mi hermano, en Cuba, no pueda leerlas! Él te diría: "¡se acabó el dinero!", una de sus frases favoritas para indicar que después de eso nada puede competir. No he encontrado hasta hoy otro sitio tan variado, ameno, contemporáneo. Sólo puedo seguir como siempre, deseándote éxitos en tu vida familiar, laboral, social, económica, como hasta ahora, que has logrado con tesón, amor y entusiasmo, pero sobre todo, con constancia, esa virtud que a ti te sobra y a tantos nos falta. Y por supuesto, mis congratulaciones también a Marta, la mujer detrás del trono...
Un fuerte abrazo a ambos,

Adela


Sr. Sr. Félix José Hernández:

 
Por medio de la presente, y a la manera del pasado, redacto este mensaje con el fin de agradecerle los excelentes ratos que he pasado leyendo sus CARTAS A OFELIA. Soy una mujer de 66 años recién cumplidos y frustrada viajera, de modo que las reseñas de sus travesías han sido para mí recorridos deliciosos, y déjeme decirle que siendo la primera intención con que usted las recopiló, es muy justo que se entere que han llegado a sus destinatarios: personas exiliadas de las rutas viajeras.
 
Moderno Ulises: tal vez algún día regrese a su Ítaca, México queda muy cercano y me honrará recibirlo con toda su familia.

Un abrazo desde Puebla,

Dra. Alicia Flores

 

 

Media noche de un día cualquiera de Agosto de 1977; pleno verano habanero. Un vuelo charter de la desaparecida Línea Aeropostal Venezolana, lejana heredera de la tradicional Compagnie Générale Aéropostale francesa, se posa en el aeropuerto José Martí con un numeroso grupo de turistas venezolanos todos identificados en mayor o menor grado, con la “izquierda” todavía encandilada por los fogonazos de la Sierra Maestra. Dos excepciones: la de quien suscribe y la de su cónyuge de siempre, en procura de una visión directa de aquella realidad que nos llegaba de una manera que presumíamos sesgada y distorsionada.

 

Al pasar por “Inmigración” hice el primer test;  le dije al funcionario: “vine porque quiero conocer a Fidel Castro y a Barbarito Diez”. Creí que me iba a pasar al departamento de interrogatorios de algún servicio de inteligencia, pero no fue así. Sonrió y me dijo: “conocer Fidel va a serle difícil pero a Barbarito tal vez no”. ¡Dicho y hecho! Así acaeció. No habían transcurrido las primeras horas y ya estábamos cantando a dúo aquel inmortal y este mortal en su propia casa de “Víbora Park”.  ¡Sueño hecho realidad!

 

Pero…. ¿a qué viene este cuento? El tour de venezolanos coincidió con la celebración en Cuba de la IV edición de las así llamadas “Espartaquiadas de Verano de los Ejércitos Amigos”, competencias deportivas periódicas en las que participaba el personal militar de  los países de la órbita soviética. Y es esa la razón insólita la que explica por qué reaparecemos acá 35 años después ¡Alabado sea Dios!

 

No conocimos a Fidel ni falta hizo; empero, en el ir y venir de las visitas guiadas por “Cubatur” (agencia turística del gobierno cubano) coincidimos en algún lugar y momento  providenciales con un joven cubano muy locuaz, inquieto y extrovertido (como todo buen cubano) que fungía como intérprete y cicerone de los deportistas de la hoy fenecida República Democrática Alemana (RDA) compitiendo en la justa.  

La recién nacida amistad, creció en el tiempo por la vía epistolar como esbozo anticipado y modesto de la hoy fecunda y varias veces laureada obra de Félix José Hernández Valdés.  Hacia los años 80 las noticias dejaron de fluir hasta que a mediados de los 90 ¡milagro! una carta de aquel amigo aparece sobre mi escritorio; esta vez con un matasellos de la Italia lontana  donde él y su familia habían recalado y encontrado abrigo tras un largo y pesaroso vía crucis en búsqueda de algo que por la edad quizás no conocían a plenitud, pero que les era consustancial e inherente a su condición humana: la ¡LIBERTAD! (escrita toda en mayúsculas).

De allí en adelante y para siempre, la comunicación se ha mantenido a través de ese género epistolar (esta vez cibernético) que los hermanos Hernández Valdés conocen a las mil maravillas;  y nos referimos a “los hermanos” porque aquel mozalbete acompañante de los deportistas alemanes orientales de 1977, es nada menos que Juan Alberto, también hijo de la Ofelia inmortalizada por Félix José en sus “Cartas a Ofelia” y otras tantas obras por el estilo.

Gracias a esta relación,  Félix José tuvo a bien pedirnos que prologásemos su más reciente obra,  ahora en ciernes, “Reflexiones de Viajes”.  En  ella que se pone de manifiesto su prosa como agua de manantial: perfecta, clara y útil para el lector, y a la vez breve, amena y acaudalada en ideas, nociones, conceptos y objetivos claros, haciendo gala de una poliglotía admirable que bien quisiéramos para nosotros. Talentosa y original manera de revivir añoranzas y saudades, a través de la palabra escrita, ¡muy bien escrita!

 

Gustosamente aceptamos este desafío por tres razones: 

 

1.       Porque nos hemos sentido honrados por el autor al escogernos para la realización de esta tarea

2.      Como tributo a la amistad germinada en 1977 y floreciente en 2012

3.      Y por último, pero no por ello menos importante, porque la madre de este glosador-si cabe la expresión-también se llamaba Ofelia

 

 

Rafael O. Marcano A.

Caracas, Venezuela,-

Septiembre de 2012

 

 

Rafael Orlando Marcano Abreu.
Nació en Caracas, Venezuela, el 24 de Julio de 1944, hijo del Ingeniero Civil Pedro Marcano Aldrey y de Ofelia Abreu Pulido, maestra de escuela primaria, ambos venezolanos. Se graduó de Economista en la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas) en 1968 y de Abogado en 2001 en la misma universidad.  Posgraduado en Administración de Empresas de la Universidad Central de Venezuela (1971)  y en Comercio Marítimo Internacional, Mención Derecho, en la Universidad Marítima del Caribe  (2007). En 2009 el “Ilustre Colegio de Abogados de Caracas” le otorgó una  condecoración “En reconocimiento de las calificaciones personales y esfuerzos para contribuir al mejoramiento de las Instituciones Legales”. Actualmente es profesor de Macroeconomía y Teorías del Comercio Internacional a nivel de pregrado, en el Instituto Universitario de Nuevas Profesiones; y es Tutor y Asesor Metodológico de alumnos de posgrado, para la elaboración de Tesis de Grado,  en la Universidad Marítima del Caribe.

 

 

 


 

Wikipedia -la enciclopedia libre- nos da esta definición del Post-it: "Los post-it o pósit son unas pequeñas hojas de papel autoadhesivo de varias dimensiones, formas y colores, aunque predominan los amarillos. Se usan para escribir notas recordatorias, para pegarlas después en cualquier tipo de superficie. (…)"

Lo que Wikipedia no dice es que los post-it son las secretarias que nunca he tenido. Son elocuentísimos, lo recuerdan todo. Muchos post-it campean por sus respetos en mi mesa de trabajo. No, perdón, no campean por sus respetos, los voy moviendo a mi antojo unas veces y otras condicionado por la urgencia, la importancia, etc. Los desplazo de un sitio a otro para verlos mejor, para que me hagan recordar más esto o aquello que no puedo dejar de hacer. Ya lo creo que no, no se puede decir que un post-it sea una simple hojita de papel autoadhesivo, ¡ni pensarlo!

Tan así es que uno de ellos este último mes ha estado todo el tiempo llamando mi atención sin parar. Dice: "Félix/prólogo". Venga a ponerlo a un lado, a otro, frente a mí, a mi lado, echarlo un poco más para la izquierda, un poco más para la derecha… pero nada, ahí y ahí, "Félix/prólogo". ¿Será posible que no pueda dejar de mirarlo? ¿Cómo podría dejar de mirarlo si tengo tan presente que he de escribir unas líneas para el libro de Félix? En realidad no necesitaría post-it ni nada para recordarlo, pero la tarea me parece tan difícil… Y el post-it amarillo, insistente: "Félix/prólogo", "Félix/prólogo"…

Haré lo posible por escribir este prólogo sin más dilación porque es un honor muy grande, pese a que no escribo desde hace ya muchísimo tiempo… bueno, escribo cartas todos los días, eso sí. No son manuscritas, ni las guardo en sobres, ni les pongo sellos porque con el correo electrónico prescindimos de todo esto, lamentablemente. En fin, lamentablemente no, es simplemente otra manera de escribir cartas, como las de mi amigo Félix, que surgieron así, gracias a Internet, el correo electrónico y los teclados, sí, benditos teclados, porque, ¡ay de mí y de todos los lectores si hubiéramos tenido que leer sus cartas manuscritas!. ¡Díganmelo a mí que cuando por allá por los ochenta me enviaba cartas ‑como las de antes‑ o tarjetas postales de los sitios que el turista y curioso impenitente visitaba ya frenéticamente, tenía que llamarlo por teléfono días después para conseguir descifrarlas! En aquel entonces todo era decirle "Félix, ¿por qué no te compras una máquina de escribir?" No vean la letra de médico que se gasta Don Félix, sí señor. Pero parece que se ha ido enmendando, a juzgar por su caligrafía en las dedicatorias manuscritas de sus libros, que se pueden leer y entender. Se trataba de decir algo sobre el autor que no se hubiese dicho hasta ahora, ¿no?

No sé qué podría decir de los libros de Félix después de todo lo que tan brillantemente ya se ha escrito en los prólogos a sus libros, en la sección "Su opinión me interesa" de su página web, en las cartas que ha recibido en las entregas de premios, pero bueno, aunque nos repitamos, hablemos de las Cartas a Ofelia.

Podría empezar así: "Querid…" No, no, no, calma, calma. Podría empezar escribiendo "Querido Félix:" Nadie más que Félix puede escribir "Querida Ofelia". Es un honor todo suyo. Todos los que hemos leído sus cartas hemos conocido a Ofelia y aprendido a quererla. Y sabemos que ella recibe sus cartas y se llena de orgullo y de satisfacción, como toda su familia aquí, allá o acullá y todos sus amigos diseminados por todo el mundo.

Querido Félix:

¿Quién nos iba a decir, cuando nos conocimos, que un día ibas a escribir libros y que ibas a ser merecedor de tantas distinciones y premios? No nos lo podíamos ni imaginar. Bueno, qué digo, a lo mejor tú sí. Pero creo que eres el primer sorprendido por el devenir de aquellas primeras Cartas a Ofelia, que llegaran a recopilarse una primera vez, una siguiente, y otra, y otra.... Me parece que fui el primero o uno de los primeros en llamar crónicas a tus relatos, fueran relatos de viaje o del tema que fuesen. Las Cartas a Ofelia son, ante todo, eso, crónicas. Recuerdo muy bien cuando leí las primeras y te escribí para decirte cuánto me habían gustado.

Tus crónicas de la vida cotidiana en Cuba durante tu infancia, tu juventud, son verdaderas joyas para todo aquel que quiera conocer de la vida y las costumbres de una familia cubana. Son enjundiosas, costumbristas…

Tus relatos de viajes son incomparables. ¡Qué Guía Azul ni qué Guía Michelin! Guías Félix! Esas son las guías que hay que tener a mano cuando se prepara un viaje. Efectivamente, lo primero, ver si Félix ya nos contó algo sobre ese lugar donde queremos ir. Si es así, no necesitamos más guías, todo lo contrario. Y el colmo de los lujos y del placer es recorrer una ciudad contigo, querido amigo Félix. ¡¿Cómo olvidar cada vez que hemos estado en París y nos has llevado a algún sitio que nunca antes habíamos visitado, cómo olvidar esos sitios que no aparecen en las guías que nos has hecho conocer?!

¡Cuántas veces no he leído crónicas de viajes que has realizado que me han trasladado al lugar de tal manera que al final casi creo que los he visitado! ¡Es tan trascendente tu manera de contar! Me viene a la mente el viaje a Islandia, por ejemplo. ¿Lo leí, me lo contaste de viva voz, lo soñé? No lo sé. Nunca he estado en Islandia, pero de alguna manera lo conozco. Te estoy viendo a ti y a nuestra querida Martha recorrer esas calles que hay que calentar para que sean transitables.

¿Y qué te voy a decir de tus relatos sobre libros, sobre películas, sobre personalidades interesantes? ¡Cuánto hemos aprendido contigo, querido Félix, y de qué forma tan amena!

Espero que quienes tengan la oportunidad de leer esta nueva recopilación de tus Cartas a Ofelia disfruten tanto como los que las hemos ido leyendo una a una a través de los años. En ellas hay de todo, para todos los gustos.

Un abrazo muy fuerte,

Miguel Ángel Maceo

 

 

Miguel Ángel Maceo es cubano. Obtuvo una licenciatura en lengua y literatura francesa en la Universidad de La Habana y vive en Francia con su familia desde hace más de treinta años. Actualmente está jubilado y uno de sus mayores placeres es ejercer  de abuelo cada vez que puede.

 

 

 

 

 


 

 

Miami, 23 de agosto de 2012.

 

Profesor Félix José Hernández Valdés:

 

Destacado Profesor:

 

Después de entrar a su página web “Cartas a Ofelia” no me cabe la menor duda, de que su valioso historial literario, ha puesto de relieve –¡ para orgullo y honra de todos! – en el ámbito de las letras, el nombre de nuestra patria, en un loable logro aproximativo de Cuba, a esa Francia,: cuna indiscutible de la Democracia, (en su más genuina manifestación) y todo el espectro de libertades que la nutren; a esa Francia, a la que dieran gloria con su brillante pluma Víctor Hugo, Alejandro Dumas, Julio Verne, Albert Camus, Jean Paul Sartre, Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud, Paul Valéry y tantos otros, que haría la lista interminable; a esa Francia de vieja tradición intelectual, que un día supo acogerlo como un refugiado político cubano, que solo buscaba, en esas hospitalarias tierras, oxigenar sus pulmones con el aire puro de la Libertad.

 

Puede estar seguro, que aquella isla caribeña que lo vio nacer está más que orgullosa de contarlo entre sus hijos, así como que sus “Cartas a Ofelia”, quedará en la historia patria, como uno de los más genuinos símbolos (en su vertiente exílica) de la perseverancia y el estoicismo de un hombre que, vencedor de esos peculiares obstáculos que le presenta la vida a todo exiliado, supo tener fe en sí mismo, hasta llegar alcanzar el pináculo de todas sus aspiraciones intelectivas, viendo convertidos, casi todos sus sueños, en tangible realidad.

 

Al aquilatar tanta grandeza me place robustecerla con el hecho de poder contar entre las filas de nuestro Colegio Nacional de Periodistas de Cuba (en el exilio) con persona de tal valer; lo que, obviamente, justifica el que haya sido escogido este año, para recibir el Premio Internacional de Periodismo, que anualmente otorga, el Colegio Nacional de Periodistas de Cuba (en el exilio), a toda figura intelectual, que, en este amargo destierro que todos sufrimos, dignifique y glorifique- dándole estatura universal – a nuestro amada CUBA.

En nombre de la Comisión de Cultura del CNPC (e) que me honro en presidir, lo felicito por este justo reconocimiento que por su fecunda labor literaria, ha de otorgarle nuestra Institución (hoy en el destierro), el 27 de octubre del presente año.

 

Ahí lo esperamos con los brazos abiertos, siguiendo el apotegma martiano de que “honrar, honra”.

 

Sin otro particular, queda de Ud., con la más alta consideración:

 

Sergio Galán Pino

 

P/d Aprovecho la oportunidad para enviarle un afectuoso saludo de nuestro común amigo y colega Roosevelt F. Bernal.

 

*Don Sergio Galán-Pino es poeta, periodista y Presidente de la Comisión de Cultura del Colegio Nacional de Periodistas de Cuba en el Exilio.


Qué (cuan) difícil se hace viajar en el tiempo sobre todo cuando el espacio que le acompaña ha desaparecido también, cuando ya no podemos visitar el lugar que evoca los recuerdos que no queremos perder. Calle Soledad, Ciudad de La Habana a principios de los 70, casa en la calle Soledad en la que paradójicamente siempre hubo compañía, en la que siempre se sintió el amor de familia, el saludo cariñoso y afecto a las visitas. Casa en la que recuerdo que nunca oí una queja, siempre vi una sonrisa, alegría, siempre cariño; nunca un tono al hablar más alto que otro. Confieso ahora, que en ocasiones yo me sentía extrañado, a veces me sentía culpable, porque ni en ese tiempo, en aquel lugar, como en estos años y en cualquier sitio, yo nunca había sentido más que ver, esa armonía familiar.

Quién sentada a la mesa, un frutero cerca, es posible, o me traiciona la memoria, un anaquel con cristalería cerca y siempre esa luz que de nuevo digo yo sentía, más que veía, cuando entraba a la sala y llegaba al comedor ; quién sino Doña Ofelia nos recibía sonriendo cuando llegábamos de visita casual después de las clases en el “Pre” del Vedado, que por cierto para mí viviendo en el lado opuesto de la ciudad, en Santiago de las Vegas, era toda una travesía en los ómnibus (guaguas) Españoles de segunda mano que en aquellos años nos brindaban 45 minutos, al menos, de hacinamiento para poder llegar a alcanzar la libertad del conocimiento.

Doña Ofelia, y nunca olvidaré, conversaba con nosotros animadamente, y como Mamá querida de todos, nos servía refrescos y alguna golosina que nos ayudaba a reparar fuerzas, al menos a mí para la expedición de regreso a la que le llamábamos los paisanos “la aldea”. También recuerdo que Da. Ofelia nos comentaba en nuestras visitas acerca del progreso de Félix José con el Italiano.

Ahora que estamos lejos de la calle Soledad conversamos con Ofelia por cartas, las “Cartas a Ofelia” que Félix José escribe por nosotros, por mí, por Juan Alberto, por Claudio y por todos los que conocimos a Ofelia, por Ustedes que conocerán a Ofelia como nosotros, cartas en las que le decimos a Ofelia de nuestros día a día, en las que le pedimos consejos y en las que abrimos nuestros corazones, para que ella tenga en ellos un lugar por siempre.



Raúl Madruga Borrego

Bogotá, 2012

Raúl Madruga Borrego es Licenciado en Educación con Énfasis en Idioma Inglés y actualmente es profesor de Inglés en bachillerato del colegio femenino religioso "Santa Francisca Romana".

 


Querido amigo Félix: mi profesor de juventud. Estoy muy de acuerdo con tu colega Miguel Ángel García. Siempre he admirado sus dotes como profesor pero la forma de escribir sus bellas Cartas a Ofelia… ¡Es una única! Nos transmites tanta credibilidad que yo en particular me traslado al sitio o a la situación que estés narrando. Dios te ha bendecido con ese talento que te acompañará siempre y  del cual todos tus familiares y amigos nos sentimos tan orgullosos. Mis respetos como siempre y que pases un Feliz día del Amor y la Amistad.  Te queremos mi gran y recordado amigo.

Tu alumna, Guadalupe Pérez.


Prof. Miguel A. García Puñales

Definir la obra de Félix José Hernández Valdés podría parecer fácil a un profano de su obra literaria, pero a los que día a día hemos editado sus obras nos resulta muy difícil resumir en unos breves párrafos la obra de toda una vida.

Si algún término define a nuestro querido amigo es el sustantivo Profesor y no solo por el ejercicio de la docencia como medio de vida –que de esos son legiones- sino por el afán de compartir conocimientos y experiencias vitales que a fecha de hoy son joyas antológicas del periodismo cultural, con una fuerte carga de didactismo mesurado; de ese que nos enriquece sin que nos percatemos que estamos en presencia de un ejercicio magistral de información y que nos deja al concluir la lectura la sensación de que junto a él hemos viajado a los lugares más disímiles del planeta y visitado las muestras culturales más relevantes.

Según sus propias palabras; Félix José, es un ser humano que constantemente cruza fronteras. Oriundo de Camajuaní en la central provincia de Las Villas, es ante todo un Cubano –con mayúsculas- de esos que a pesar de la lejanía de la tierra y muchos decenios en el exilio, llevan la cubanía en los genes.

Profesor de Historia en Cuba y de Cultura Hispánica en Francia – su tierra de acogida- nos regala día a día con sus crónicas de viajes, visitas a museos, crónicas cinematográficas y artículos sobre la memoria histórica cubana, entre otros muchos.

La presente obra Recuerdos de Viajes, constituye el tomo XIII de las ediciones que sobre la obra del autor produce desde Canarias, el Boletín Europa Actualidad, de A.F.I.Sc. “eu’93”, en un esfuerzo cultural digno de admiración. Es una muestra enciclopédica del eclecticismo cultural del autor en su perenne viajar; artículos culturales, se mezclan con crónicas y testimonios históricos, rescatados de la memoria a partícipes y testigos de hechos que mucho influyeron en el desarrollo posterior de la tragedia totalitaria, que cual obra bufa a ritmo de reegaeton y parloteo aún existe -¿quién sabe por cuánto tiempo más? – en la nación cubana.

En esta oportunidad la edición incluye también artículos publicados por el autor en francés e italiano. Los que no tenemos el don de lenguas como Félix, lamentamos no poder disfrutar de ellos en el idioma original.

Recomendamos a los lectores la obra de este incansable cronista.


Prof. Miguel A. García Puñales*

*Historiador y sociólogo cubano exiliado en España. Presidente de la ONGD Ceninfec (Centro de Información y Documentación de Estudios Cubanos). Director del diario digital Cubamatinal.


 

 

ORESTES A. PÉREZ.

FÉLIX JOSÉ HERNÁNDEZ.

DISTINGUIDO COLEGA:

POR EL COLEGIO NACIONAL DE PERIODISTAS DE CUBA (EN EL EXILIO), DEL CUAL SOY SU ACTUAL SECRETARIO, HE PODIDO CONOCER SU ENORME ESFUERZO EN FAVOR DE LA CAUSA DE LA INDEPENDENCIA Y LIBERTAD DE NUESTRO PUEBLO CUBANO. LE FELICITO SINCERAMENTE POR TODA SU LABOR, PREMIOS Y CONDECORACIONES RECIBIDAS DESDE LA REPÚBLICA DE FRANCIA.

SU PÁGINA WEB ES EXQUISITA Y EXTRAORDINARIA.

LE AUGURO EL TOTAL ÉXITO EN SU EMPEÑO PARA DIVULGAR LA CULTURA DE NUESTRA NACIÓN. DESEARÍA SU CORREO POSTAL PARA ENVIARLE ALGUNOS LIBROS Y REVISTAS DE MIAMI, INCLUYENDO MI MODESTA PRODUCCIÓN LITERARIA.

FELICITACIONES MIL. UN ABRAZO EN LA DISTANCIA.

SINCERAMENTE,

ORESTES A. PÉREZ.

 

 

Françoise Salavert

¡Enhorabuena, Querido Felix!

¡Qué bien ver que también España reconoce tus meritos literarios y el interés de leer en un castellano magnífico tu panorama de la vida parisina, europea e incluso mundial !

Gracias por tu presencia en la vida literaria y por tu amistad.

Un abrazo grande para ambos.

F. Salavert.


 


Adela Junco

Muchos son los que han escrito acerca de sus experiencias, emociones, sentimientos. Impresiones y deseos, esperanzas y tristezas, realidades y fantasías salen de las plumas de quienes sienten una imperiosa necesidad de compartir su mundo interior o exterior, lo que en formas y tiempos diferentes les ha tocado vivir; unas veces fabulando, otras, a través de sus recuerdos y devenir.


Surgen así relatos, novelas, ensayos, críticas, con los más diversos contenidos y opiniones que nos permiten adentrarnos en las vidas de individuos para, a través de sus peripecias y vivencias conocer su propia percepción, dejándonos las más de las veces su impronta, y con ella, su aporte a la ampliación de nuestros horizontes para comprender mejor presente y pasado, y con esa ayuda hacer nuestra propia contribución al futuro.


Sin embargo, no todos los autores han cultivado todos los géneros y temas: solo un selecto grupo de ellos ha sido capaz de regalarnos un extenso quehacer, abarcador, inspirador, inagotable, que toca casi todas las esferas de la actividad humana y por tanto de toda la sociedad.


A este especial conjunto de incansables de la pluma pertenece Félix José Hernández Valdés – profesor, educador, traductor, articulista, columnista, periodista, cronista, historiador, hijo, padre, abuelo, hermano, amigo…


“Cartas a Ofelia” se constituye en el paneo de una cámara a través de cuyo lente Félix José ‘descubre’ el mundo a su madre, no solo ofreciéndole detalladamente imágenes del panorama que se abre antes su ávidos ojos y esa curiosidad natural (alguna vez aplastada, contenida por egos y afanes mezquinos en la tierra que lo vio nacer), cualidad innata de observador de todo, de viajero incansable, escudriñador de un mundo durante años escamoteado y descubierto al fin para vivirlo a fondo, sino también haciéndola partícipe de sus impresiones sobre localidades, gentes y aconteceres con una plasticidad pasmosa; llevándola a recorrer museos, calles; sentándola junto a él en teatros, cines; disfrutando paisajes; conduciéndola del brazo a eventos, demostraciones; entablando diálogos y escuchando historias de los más disímiles personajes; leyéndole y compartiendo con ella obras, libros, artículos. Igual le comenta acontecimientos culturales o políticos que noticias de hechos sublimes o deleznables. La invita a rememorar historias de épocas y gentes, de sus años infantiles y las calles que recorrían, así como a recordar a las personas que en algún momento se cruzaron en sus vidas y a personajes a veces ignotos, que desempeñaron no obstante un papel en el giro de nuestras vidas, tal como lo revela uno de sus interlocutores, por él entrevistado, en un pasaje que encontramos en el presente tomo:



“…No fue el gallego Fernández, que de guerra sólo sabía la parte teórica, quien dirigió a las fuerzas comunistas en Playa Girón. Fue Angelito.”


Sus Cartas a Ofelia, título dado a la recopilación de sus artículos que alude a la comunicación con su madre mediante ellas, fueron la semilla e inspiración que crecieron para convertirse en el fructífero árbol del quehacer periodístico que ha extendido sus ramas para llegar a nosotros –y a todo el orbe- en su logrado intento de compartir con muchos y – sin proponérselo- proyectarse hacia el futuro, para entonces servir a aquellos que nos seguirán a descubrir en su momento lo que el autor vivió al disponer ya no solo de pensamientos libres a falta de otra libertad, sino de alas para sobrevolar la Tierra, no fabulando como Münchhausen, sino exponiendo el mundo al mundo como un nuevo Marco Polo.


Con este, el duodécimo tomo de un extenso y prolijo quehacer periodístico-literario, nos adentramos una vez más en una orgía de impresiones: ora recuerdos, ora sucesos actuales, opiniones, relatos de relatos, pasajes variopintos de personajes y obras tamizados por este intérprete ‘quiero-saberlo-todo’ de hechos y lugares conocidos y desconocidos plenos de historia, que, con un impacto directo o sin él inciden de algún modo en el lector. Es asimismo en este bastidor de exposiciones diferentes dentro del mismo marco que Apuntes de Viaje se hace eco de las palabras del también prolijo e inagotable abarcador de épocas Wolfgang von Goethe, ofreciéndonos “el mundo en una nuez”.

Quiero invitar a quienes aun no han transitado por alguno de los 11 tomos precedentes a disfrutar de esta enjundiosa recopilación de reseñas, ensayos, crónicas y relatos atenidos a vivencias reales a través de la lectura amena y estimulante del presente tomo, que sé no será el último regalo que nos haga a los de hoy y legue a los del futuro Félix José.

El trabajo está presentado en una secuencia de ‘cartas’ con temas diversos, cuya relación se establece muchas veces tan solo por constituir el eslabón siguiente de la cadena organizada según sus fechas. Dicha avalancha de acontecimientos, gentes e historias de alcance internacional pero que orbita siempre en torno a esa isla del Caribe conocida como la Mayor de las Antillas me hacer recordar las palabras de alguien que pronosticara “… ya habrá quien escriba la epopeya que vive hoy el pueblo cubano’. Creo firmemente que Félix ha estado publicando desde hace mucho esa epopeya con una perspectiva tal vez no de gesta épica como tal, sino a través del cristal de esta suerte de ‘crónicas epistolares concéntricas a modo de composición fotográfica de una época con proyección internacional y carácter epopéyico’, si se me permite la osadía de este intento de clasificación.


Yo, muy particularmente, considero que esta ingente obra de Félix José Hernández Valdés va siendo ya texto de consulta obligado de aquel que se diga historiador, politólogo, cubanólogo o simplemente interesado en Estudios Cubanos de la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días, en tanto que fuente exhaustiva de información no solo sobre Cuba, su historia y su sufrida gente a ambos lados del Atlántico, sino del marco histórico correspondiente, proyectado en un extenso telón de fondo que arroja luz sobre acontecimientos contemporáneos a la par que sobre el bregar y batallar de las ya 5 generaciones de cubanos.